don-juan
Es legítimo coger un texto que nos gusta, que nos agrada, que nos apasiona, y llevarlo a nuestro terreno. Al que mejor conocemos. En el que nos sentimos más a gusto. Donde ya hemos probado anteriormente otros éxitos, y donde uno se siente cómodo aunque conlleve un gran esfuerzo.
Eso ocurre con Don Juan, un musical a sangre y fuego. El texto es el conocidísimo y extraordinario Don Juan Tenorio del romántico José Zorrilla. Y ya sabemos lo que caracteriza al romanticismo: ensalzamiento del yo, sentimientos a flor de piel, tenebrismo, espíritu de rebeldía, soledad y sufrimiento, espíritus, desolación por lo que se está viviendo,… Todo eso lo tiene don Juan, un héroe crápula y pendenciero, depravado, arrogante,… y que, sin embargo, ha calado hondo en el imaginario popular como hombre de gran éxito y sin miedos. Y buena parte de ese éxito se lo debe al perfecto texto, a los versos expresivos, a la grandilocuencia pero belleza del léxico, a las emociones plasmadas en él, también a cierto sentido macabro y de culto a los muertos.
Pues bien, y volviendo al tema, Antonio Calvo, basándose en esa admiración compone con ese mismo texto un gran musical al más puro estilo Broadway. No repara en medios. Una gran escenografía casi siempre en movimiento, magnífico vestuario oscuro, negro, cómodo y detallista, acorde a la historia, una música que toca diversos estilos, desde los compases clásicos pasando por el jazz, por el funky, por las melodías, hasta unos recitados breves,… el ritmo, las coreografías dinámicas y vivas, las estupendas voces de todo el elenco, también una parte de vídeo imagen, con una cuidada y esmerada iluminación.
Por lo tanto, un montaje con todos los ingredientes para atraer, con una esencia más nuestra, que todos conocemos. Todo cuidado al detalle, donde sientes el teatro, el espectáculo en sí mismo y los versos de Zorrilla.
Y unos buenísimos intérpretes, Toni Bernetti, Estíbaliz Martyn, David Velardo, Gonzalo Montes,… y una dirección artística y musical excelentes: Ignacio García y Julio Awad, respectivamente.
En plena Gran Vía, en el Teatro de La Luz Philips, sin tener que irse demasiado lejos, a no ser que no vivas en Madrid, claro, y aún así, merecerá la pena el desplazamiento.

Bitnami