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¡Ay, Carmela! ya es un clásico. Pocas obras de teatro pueden decir eso estando su autor vivo, muy vivo. Impartiendo sus cursos y su magistral forma de entender la escena. Y siempre la obra emociona. Y siempre se pone un nudo en la garganta y, al mismo tiempo, hace sonreír e incluso reír. Porque ¡Ay, Carmela!  es un texto redondo. Aunque no es nada fácil de hacer, por mucho que lo parezca. Será sencilla en su escenografía, económica en cuanto a que solo son dos personajes, transparente en cuanto a los sentimientos que evoca. Pero hay que tener sensibilidad extrema para dotarla de esa dualidad de comicidad y dramatismo.
El gran José Sanchis Sinisterra tiene esa sensibilidad y por eso puede ofrecernos esta historia, que seguirá reponiéndose e interpretándose in saecula… Hoy la volvemos a encontrar aquí, en la sala grande del Teatro Lara. Dirigida por Paco Sáenz, e interpretada por Gabriela Iribarren y Gustavo Saffores como Carmela y Paulino.
Y si la obra consigue atrapar por su tema, por reivindicar una memoria que muchos quieren hacer pasar como algo manido, esto no es cierto. La guerra civil española, esa guerra nuestra tan funesta y trágica, aún no ha tenido suficientes argumentos que contar, faltan personajes que desconocemos, es necesario que sigamos conociendo tamaña época terrible de nuestra historia. Precisamente para eso, para no perder la memoria y que no se repita.
Porque el asunto que trata es mucho más que las desolaciones de una guerra. Es la humillación, es el sanguinario comportamiento, es la relación entre dos cómicos que forman pareja y tienen sus querencias y sus desavenencias, es el teatro precario de compañías que tienen que subsistir con lo que les dejan, es la magia y la soledad, es el derecho a la libertad de expresión, es la evocación de los muertos, es el derecho de protesta,…
Y ahí están Gustavo Saffores y Gabriela Iribarren para ponernos la piel de gallina y la sonrisa que, de repente, se congela. Y un lamento eterno, ¡ay!, y una canción que se recuerda, ¡Rumba la rumba la rum bam bam!,  y el teatro lleno, y una excelente obra en escena.

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