el-secuestro
Uno tiene que estar muy desesperado para planear un delito descabellado y, además, hacerlo solo. O pretenderlo. Desesperado porque las adversidades son demasiadas y no nos merecemos esto. Aunque peor sería el suicidio, eso sí. O no. Cualquiera sabe.

Sin embargo, partiendo de esa situación donde la angustia del ser humano se hace irreconciliable con quedarse de brazos cruzados, Fran Nortes escribe una comedia totalmente disparatada en sus personajes, pero perfectamente entendible y justificable desde el punto de vista de la situación.
¡Cuántas veces ante una terrible injusticia laboral no hemos deseado que el jefe desapareciera, que un revés le pusiera en su sitio, que acabara con él un infarto o que alguien le secuestrara para que se retractase en sus decisiones!
Jorge Roelas, como Paco, natural, con desparpajo y tablas más que suficientes, siempre en su sitio, hombre bueno, impensable que un padre de familia como él urda una trama de tan difícil solución, es el que intenta llevar a cabo la presión secuestrando al hijo del ministro responsable de su paro y del de otros, pero, lógicamente, nada saldrá como él había previsto. Al final encontrará un apoyo incondicional en su hermana y su cuñado, Diana Lázaro y Leo Rivera, que se implican tanto o más, pero que seguirán enredando el hilo. Leo Rivera exageradamente cómico y precario, saca auténticas carcajadas de su personaje primitivo pero cercano, familiar, distendido. Y Diana Lázaro no les va a la zaga, se muestra fantásticamente divertida, tomando las riendas, con ingenio y agudeza, también inmensa en su cometido. Carlos Heredia y el propio Fran Nortes son los corruptos, pero el autor nos los muestra también simpáticos, asequibles, cómicos. Nadie, como espectador, puede odiar a nadie, pero se dejan bien a las claras que hay desmanes políticos, comisiones, intereses económicos, engaños, abuso de poder, desfalcos,… La denuncia queda soslayada porque vence el humor y la risa, el disparate, casi el absurdo, pero ahí está el poso de muchas de las cosas que están ocurriendo y detrás de la carcajada subyace la ironía y la crítica, la denuncia, la protesta.
Gabriel Olivares, el director, tiene experiencia en este tipo de comedias y sabe sacarle el máximo partido al texto y a los actores, la hace hilarante, con ritmo, sin tregua, sin respiro.
Actualmente en el Teatro Fígaro en aforo completo, como es debido.

Bitnami