pancreas
Mi abuelo hablaba en verso. Le tenía especial cariño a la rima. Le gustaba y se divertía. Y nos hacía pasar un rato muy agradable a quienes lo escuchábamos. Y eso pasa también en  Páncreas. Te diviertes, se te hace agradable al oído y, además, es una buena historia. Y unos grandísimos actores. Y una estupenda puesta en escena. Pasarlo así de bien es bueno para la salud física y mental de los espectadores necesitados de este tipo de obras que no abundan.

¡Ay, el verso! El denostado verso. Y qué de cosas se pueden contar con medida y rima. De hecho, en esta gran comedia de Patxo Telleria, ni suena rara ni extraña. Al contrario, vamos intentando anticipar cuál será la palabra rimada. Eso al principio, porque después, una comedia tan disparatada pero tan ácida y crítica con las relaciones humanas, nos sorprende y nos embarga. Queremos saber qué pasa. Qué pasó. Tres amigos incondicionales dispuestos a entregarse, pero también egoístas, se necesitan, se complementan, se critican, se perdonan, se engañan, se ayudan. Es un gran canto a la amistad y a la conciencia y desolación de cada uno.
Es una obra magnífica. Juan Carlos Rubio en la dirección le imprime ritmo, gestos, divide las estrofas en tiradas y nos presenta la obra limpia, sin polvo y paja, con alegría y sabiduría.
Y los actores, tremendos. José Pedro Carrión, Alfonso Lara y Fernando Cayo. A cada cual más grande. Con un histrionismo estudiado, medido como los versos que hablan, porque no recitan. Se comen la escena, las situaciones, se les nota cómplices, a gusto, pasándolo en grande y, de esta manera, nos lo transmiten y hacen que pasemos un rato espléndido de buen teatro.
No a la antigua usanza, como puede llegar a pensarse por el verso. No. Es un teatro vivo, actual, lleno de guiños al humor, pero también al sentimiento, a la emoción, al espectáculo teatral sin aditamentos, el teatro que hacía falta hoy, porque a no ser que sean las comedias áuricas o románticas, no se estila esto de interpretar en rima. Y lo cierto, es que lo hacen tan fácil que se te olvida. Porque no tiene la estridencia y exageración de un Pedro Muñoz Seca en La venganza de don Mendo, es una rima limpia, como de andar por casa, como la que utilizaba mi abuelo.
Y además, la historia te atrapa, ya lo hemos dicho, queremos saber las vicisitudes de estos tres amigos donde uno tiene que morir para salvar a otro. Donde otro miente para encontrar cariño. Donde el tercero pergeña una trama para no quedarse solo.
Ahora en el Teatro Amaya, y que nadie se la pierda, porque es gran comedia allá donde las haya.

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