El Percusionista es mucho más que un espectáculo. Es una forma de vida. Es una filosofía. Es un ritmo. Es la emoción. Es la música. Es poesía. Es teatro. Es la naturaleza. Es África. Es un sentimiento compartido.
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Gorsy Edú es el ejecutor de tamaña delicadeza. Un regalo para los sentidos.
Nada más empezar el sonido de los tambores nos traslada a un mundo nuevo. Un mundo que nos irá enseñando Gorsy y del que nos dará de beber, de comer, que nos hará cantar e incluso casi hablar en un idioma desconocido.

Gorsy nos habla de su abuelo, y él es su abuelo. Y los niños de su aldea. Y su madre. Y cuidará con mimo y tacto los instrumentos de percusión que forman parte de su historia. Y esos instrumentos hablan, y nos traen sus recuerdos, y viajamos en la distancia y en el tiempo.
El percusionista es un espectáculo sin sombras, como un cuadro de luz, como la sonrisa de un niño que aprende a vivir en las tradiciones y quiere hacer algo grande, algo bueno, algo terminado en ante, como un elefante, como reconfortante, altamente emocionante,…
Todo suena. Todo es ritmo. Todo música y poesía. Colores sin fronteras. Pájaros que trinan. El viento. Y somos nosotros imbuidos por el espíritu de la palabra y el sonido de la percusión, y la voz de Gorsy y la nuestra propia. Y comprendemos que hay música en el agua y en la lluvia, en las tormentas, en los pasos, en la cárcel, en el tiempo que pasa para un niño y para un anciano de la misma forma pero de distinta manera.
Y Gorsy nos lee cartas que están vivas y nos tiene totalmente hechizados. Espectáculo elegante, impresionante, apasionante,… no dejen de sentirlo, porque no se ve, se vive y lo hacemos nuestro.
Lo vi en el Teatro del Arte, búsquenlo, porque saldrán pletóricos de sentimientos.
 

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