Las chirigotas de Cádiz vienen en forma de teatro. De muy buen teatro. De canciones, de divertimento, de alegría desbordada. Y con una historia más que interesante.
Las Chirigóticas no dan un minuto de descanso. Desde el primer minuto se muestran frescas, divertidas, rítmicas, pletóricas, y no decaen en ningún momento.
Entremezclando canciones, coplas, pasodobles, tanguillos, boleros,… adaptándolos con su letra al argumento, nos sacan, no una sonrisa, sino un auténtico compendio de risas, una trama llena de imaginación y una excelente interpretación por parte de las tres actrices que se dejan la piel en ello.
Juanita Calamidad

El hilo argumental es sencillo, Juanita Calamidad, no conoce el aburrimiento. Sus noches no tienen fin, vive la vida al ciento por ciento. Pero, de repente, le visita una dama, que puede ser su alter ego, y aunque no quiere hacerle caso de que siente la cabeza, empieza a planteárselo. No por eso renunciará a tantos momentos de juerga y esparcimiento.
Hasta que pasa lo que tiene que pasar, que sin quererlo del todo, traerá un hijo a este mundo loco y al que deberá defender con denuedo.
Todo ambientado con unas espléndidas voces, con una interpretación sublime, con una forma de narrar original y única, con gran acierto.
Antonio Álamo no las da tregua, y pone su puntito nostálgico, junto con el dicharachero. Y ellas, magníficas las tres, Ana López Segovia, Alejandra López y Teresa Quintero. A cada cual mejor, no podemos quitarles la vista de encima, esperando qué de nuevo nos contarán y nos cantarán. Interpretan varios personajes, reducen al mínimo escenas complicadas que resuelven con gran acierto.
Entretanto, se suceden las escenas, y nos dejan ese sabor de querer más, de que no se acabe la fiesta, de participar de ese afán carnavalesco, teatral, musical, perfecto.

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