Las relaciones de pareja más o menos estables siempre son como la naturaleza misma. Pueden pasar de una apacible primavera donde todo es maravilloso y coincidente, donde los colores son más luminosos, hasta que, de repente, estalla una tormenta de granizo violenta, o empieza a perjudicarnos la maldita alergia. Pasar de un cálido verano a la luz de las velas, a recordar los desencantos y falsedades que no dijimos por, en principio, no perjudicar a la pareja. Llegar al otoño pensando que todo es rutinario, incómodo, que no se ajusta al ideal que teníamos forjado. O en el invierno de soledades donde todo molesta y todo son malentendidos.
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En Todo es mentira tenemos tres parejas nada peculiares, normales, corrientes, pero de las de saltan chispas de forma alterna, como si fuera eléctrica. Y lo que uno cree el otro no lo piensa. Y lo que hoy me gusta, mañana me molesta. Y enrevesamos las relaciones haciéndolas complejas. Todo por no ser sincero. Todo por pensar que el otro oculta algo. Todo por creer que es mentira lo que el otro nos cuenta.
Álvaro Fernández-Armero como creador del texto y Álvaro Tato en la dramaturgia, tienen el acierto de convertir unas historias cotidianas de todos los días, en un hecho teatral. Por eso, las referencias constantes a las escenas que se sucederán, a que están haciendo teatro, a que hay que obviar ciertas interpretaciones, más la ayuda de los vídeos y la escenografía a través de imágenes gigantescas, convierten la obra en una divertida comedia. A lo que contribuye la acertada dirección de Quino Falero y la estupenda encarnación de los personajes por parte de todo el elenco.
Tamar Novas, fresco, cercano, creíble, desvalido,… Manuela Velasco, en la misma altura dándole la réplica, y Juan Renedo, Silvia Maya, Óscar Sinela, Vanesa Rasero y Rebeca Roldán, también ágiles, familiares, entrañables. Marcados por un gran ritmo, con escenas paralelas, con apartes al público, con toda la esencia de una muy buena comedia.
Magnífica función de enredos y relaciones turbulentas que luego vuelven a su cauce, o no. Para averiguarlo, acudan a verla.

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