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Nabokov es conocido principalmente por su novela Lolita aunque en toda su obra maneja a la perfección los argumentos nada fáciles y un excelente uso del lenguaje. En esta ocasión, Irina Kourberskaya nos trae La Mirada de Eros en la Sala Teatro Tribueñe, donde disfrutaremos de un cuento perfectamente ejecutado en la dirección y en la interpretación de Iván Oriola.

El intérprete hará de mago, de cómico, de excelente ejecutor de su personaje y de los otros con los que habla y, además, mostrará sus dotes de expresividad corporal y gestual. Un ‘a modo’ de Chaplin teatral, de elegante narrador de su propia historia.
Solamente apoyado por José Manuel Ramos, casi invisible atrezzista, mayordomo, sombra de Erwin, el personaje de la historia, y de algunas imágenes que entendemos están en el subconsciente del protagonista, con su imaginación, su pasión reprimida, sus ansias y sus deseos, su timidez, su ilusión solitaria y escondida.
El texto rebosa de palabras poéticas y elegancia, de perfecta estructura narrativa. Pausado, pero con el ritmo adecuado, en ningún momento de la hora y media que dura la función, se viene abajo, no decae, mantiene el interés por ver cómo acaban las vicisitudes de este ilusionado, cohibido e imaginativo personaje.
Los espectadores apoyan con su silencio cuando la situación es más seria y su inteligente comprensión esos momentos en los que Iván Oriola, recurre al gesto teatral, a la dualidad de los personajes que interpreta, al juego. Y Erwin, quiere jugar, arriesgarse, aunque al final acabe perdiendo. Es la única manera de salir de su rutinaria y observadora vida.
La mirada de Eros es un cuento narrado con estilo y eficacia. Donde nos dicen que soñar es necesario aunque, al final, nos quedemos como estábamos.

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