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37 años lleva Lola Herrera haciendo este fantástico texto de Miguel Delibes. Este estupendo monólogo cargado de sentimientos, de pasión, de soledad, de amargura, de prejuicios, en cierta medida, de liberación, pero también de represión, de reflejo de una sociedad pacata, de reproches, de culpa, de emoción sentida al límite, de grande interpretación, de magistral lección, de saber hacer en el escenario,…

Los calificativos se quedan pequeños. Y escasos. Lola Herrera se come el escenario. Iba a decir ella sola, pero no, estamos todos con ella, asistiendo al velatorio de su marido. Y lo que cuenta, aunque lo hace para ella, lo sentimos todos, lo comprendemos, nos hace cómplices de sus secretos.
Inmensa. Como la delicada y elegante puesta en escena de Josefina Molina. Y el texto preciso y magnífico de otro grande: Miguel Delibes.
Con su lenguaje cuidado y coloquial, ofreciéndonos un monólogo interior, con una descripción psicológica impresionante, a través de sus palabras, de esta Carmen que refleja una mujer conservadora, educada en un ambiente social y familiar clasista, cargada de prejuicios, reprimida sexualmente, pero terriblemente humana, inmensamente agazapada en los convencionalismos de la época, incapaz de comunicarse con su marido hasta que este ya no tiene réplica y ya no se puede hacer nada.
Grandísimo documento literario, extraordinaria representación en su totalidad, que podemos ver en el Teatro Reina Victoria, desde la producción, la dirección, la adaptación del texto, la escenografía, hasta la incalificable y sublime interpretación de esta actriz de casta y raigambre: Lola Herrera.
Vayan a verla.

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