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En la Sala Tribueñe, el título de por sí, ya es atractivo, Navegando Por Ideas Escondidas, de Irina Kouberskaya, que también dirige e interpreta. En la sala se respira elegancia. Elegancia en la música que nos recibe a la entrada; después, las luces, un largo remo al que se agarran los seis intérpretes. Elegancia en los movimientos escuetos, en la estética de actores y remos, en el negro del vestuario y en las voces blancas. Una dicción excelente. Un ritmo pausado y enérgico en algunos momentos.
Y esas voces nos van contando textos de Dostoyevski, de Saltikov-Schedrin, de Gertsen, de Chejov, de Vladimov. Y nos hablan de perros de guardia, de seres humanos que aman, lloran, piensan, sufren, viven, de revoluciones francesas, de alegorías rusas, de gentes que quieren salir de la miseria, de condenados, de proletariado, del destino de los rusos, de atravesar mares de insidia y aislamiento, de dolor humano, de ideas y sentimientos escondidos que sacan a la luz, que atraviesan un océano de ilusiones para hacernos partícipes de los pensamientos de estos grandes escritores rusos.
No es un montaje fácil. Es un espectáculo medido y bien cerrado. Intenso. Filosófico y político. Social y crítico. Duro y poético, sentido e íntimo. Teatro de pensamientos en voz alta.

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