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Entrar en la casa de Julia y Diego, madre e hijo, es entrar en un mar de tempestades. Desde el principio se denota que no hay mucho entendimiento entre ellos. Él se muestra irónico, un tanto agresivo, ella sumisa, abnegada, guardándose el orgullo mal herido. En principio parecen tener una falsa paz, pero se intuye que esa es la calma que precede a la tormenta inminente. Así ocurrirá cuando llegue el tercer personaje, Mau, también con sus formalidades sociales, pretendiendo a la madre, intentando ganarse al hijo.
Sin embargo, serán todo apariencias. Los secretos, lo oculto, las deudas, irán aflorando poco a poco, como lágrimas que se derraman calladas. Cada uno sacará sus propios cuchillos. El ambiente se hará irrespirable, pero no se pueden abrir las ventanas, ninguno podrá escapar de esta trampa para ratones, porque han ingerido el veneno que definitivamente los destruirá.
El texto de Alberto F. Prados, Veneno para ratones, es denso, duro, agobiante, aturde, acongoja, cae como una losa en nuestras sensibilidades y en nuestros esquemas de relaciones familiares a las que estamos habituados. El mismo autor dirige el montaje y lo hace con solvencia, tratando a los personajes con la delicadeza que entre ellos mismos no se muestran.
Isabel Ampudia, Sergio Pozo y Mauricio Bautista están magníficos. Sin sobreactuar, consiguen cargar todo el drama emocional en sus miradas, en sus silencios, en el tono de sus voces, sin gritos, se escupen todas las miserias, la sordidez de sus vidas, la mezquindad de sus intereses.
En La Pensión de las Pulgas asistimos a este drama profundo, perfectamente construido, dirigido e interpretado, como invitados de piedra, testigos que no se atreven a inmiscuirse en ese tornado de recuerdos, de malos tratos, de soledades,… somos como familiares que han tenido la mala suerte de irrumpir en una discusión familiar. Pero con la buena fortuna de hacerlo para comprobar este drama teatral que toca con exactitud la esencia dramática y más honda de los seres humanos.
Veneno para ratones, texto grande en espacio pequeño, encaja a la perfección y así consiguen que todo esté en su sitio.
 

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