Entran a escena por el patio de butacas como si fueran los siete enanitos que van a trabajar, pero son gigantes que nos van a atrapar con sus pies, con sus movimientos, con sus riesgos, con su ritmo, con su envolvente halo de seducción y arte, con sus instrumentos musicales a modo de ballestas, con su potente puesta en escena.
vivancos
Desde el principio ya están crecidos, desde la interpretación de Smooth Criminal de Michael Jackson, y nos hacen crecer a todos. Ya somos todo suyo. No podremos dejar de admirarlos, de quitarles la vista de encima.

Porque hemos visto siete magníficos en el escenario que vienen a rescatarnos del tedio y la rutina, de lo que vivimos todos los días. Hemos visto guerreros dispuestos a hacer poesía. Hemos visto individualidades que se apoyan entre ellos para formar un todo. Hemos visto y sentido, a los tres mosqueteros zapateando como si fueran los cascos de sus caballos. Hemos visto equilibristas haciendo lo imposible. Hemos sentido el Hallelujah de Leonard Cohen hecho baile y ternura. Hemos visto a los siete samuráis peleando con los compases de Metallica en Nothing Else Matiers. Hemos presenciado atónitos cómo tocan a ocho manos el chelo de cinco cuerdas. Hemos asistido a la batalla del Ojo del tigre de Survivor. Hemos viajado al futuro con trajes de luces y el ancestral teatro negro. Hemos creído ver un duelo tremendo de pasos de baile como si una contienda de espadachines se tratara. Hemos visto el ritmo, el flamenco. Hemos oído a los clásicos Tchaikovski  y a Beethoven. Se han suspendido en el aire. Han bailado boca abajo. Nos han tenido presos de su fantasía, de su color, de su movimiento. Nos han invitado a una fiesta y hemos participado con entusiasmo viéndolos. El mismo entusiasmo que ponen ellos en cada vuelta, en cada giro, en cada gota de sudor que se les cae al escenario.
Han “nacido para bailar” poniendo toda la pasión en sus coreografías, forzando a las piernas a temblar para producir belleza y sentido, en los brazos para escribir en el aire, en el gesto y en el cuerpo para sentirse vivos.
Creativos, románticos, ingeniosos, arriesgados, naturales, sencillos, seguros, fuertes, perseverantes, libres, estos siete hermanos Vivancos magníficos, viven la pasión por el baile y nos la hacen vivir a nosotros hasta lo que no puede ponerse por escrito.
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