la-plaza-del-diamante
La Colometa, el personaje de La Plaza del Diamante de Mercè Rododera, se sienta en el banco a contarnos sus penurias. En realidad, yo creo que se las cuenta a ella misma. Necesita rememorar todo su amargo pasado, liberarse de toda la angustia vital que lleva acumulada a lo largo de los años. Necesita contárselo al viento, al otoño, al oído de los árboles, a sí misma, para ratificar que todo lo que ha pasado ha sido real, ha sido tristemente cierto, y solo hablándolo en voz alta conseguirá liberarse de tal peso.

Sin embargo, el viento no se lleva esas palabras, esas quejas, el aire es espeso, hay una quietud extremada, una niebla no visible, una congoja demasiado tiempo acumulada. Es decir, aunque nos cuente su historia una y otra vez, Natalia, el personaje, no logrará desprenderse de tanto desconsuelo.
Lolita Flores nos trasmite con una gran sensibilidad esta pesadumbre, esta tristeza, ese tormento del recuerdo. Su rostro refleja el dolor, refleja el pasado, refleja los vestigios de una vida harto difícil y, sí, los manifiesta con desdichado verismo, con ese grito sordo de desesperación que da en un momento, que todos oímos con un escalofrío que hiela los huesos, que nos deja aturdidos de tanto sufrimiento.
Joan Ollé, director y adaptador de la obra, ha conseguido sin alardes, ni teatralizaciones exageradas ni tremendistas, hacer del monólogo un poema amargo. Bello en su puesta en escena, excelente en su interpretación, impecable en su ritmo, magnífico en su prosa, perfectamente medido en el tiempo.
El silencio es testigo de los hechos. Quisiéramos consolar a esta mujer con nuestras palabras de apoyo, con nuestro abrazo, pero nos limitaremos a ofrecerla al final un grande aplauso, merecido, justo, apropiado. Y Lola Flores, lo recibe con la humildad de las grandes artistas, como si aún no se hubiera desprendido de su personaje, como si no se lo estuviera creyendo, porque La Colometa no está acostumbrada a estos rasgos de cariño extremo. Verla nos ha enternecido, ha conseguido sacar de nosotros todo nuestro afecto.
En La Plaza del Diamante encontramos una piedra preciosa dura y frágil al mismo tiempo.

Bitnami