¡Viva el teatro! Y la madre que los parió a todos aquellos benditos locos que se dedican a esta profesión tan inestable como agradecida, tan apasionante como obsesiva, tan divertida como comprometida.
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Viene a cuento esta soflama por alabar con entusiasmo y ganas, a todas aquellas Compañías, actores, directores, autores, salas off o alternativas, y demás galimatías, en muchas ocasiones doblando y triplicando cada uno sus cometidos, para sacar adelante proyectos y producciones, y que les llegue al gran público, que en demasiados casos es chiquitito en cuanto al aforo de la grada.

Estos seres extraños representan, nos cuentan, nos cantan y nos bailan, nos muestran la realidad distorsionada o la fantasía real de una sociedad perjudicada. Así, van forjando espectadores, nuevos amantes de la escena, que algún día preferirán una buena obra a una simple cena.
La Compañía Fulminati es claro ejemplo de este dislate. Sofía Novoa y Laura García-Marín divertidas, profesionales, bien formadas (académicamente) y bellas, lo mismo interpretan a una criada denostada que a un marqués con chorreras, a una alcahueta que a un guaperas. Bajo texto y dirección de Daniel Llull nos cuentan en clave de comedia una de capa y espada mezclando la trama, los personajes, la época y casi hasta las palabras.
Nos engañan sin mentirnos, nos mienten sin ser falsas, nos falsean la verdad y de verdad nos entusiasman. Por eso la obra se llama Mentira Cochina aunque ellas son muy limpias y hacendadas.  
En la función que yo vi, matinal y con doble entrada, en la Sala Tarambana, encandilaron a los chicos, les hicieron partícipes de sus chanzas. Fueron actrices de rompe y rasga, también titiriteras, cantantes y grandes caballeros y damas.
¡Damas y Caballeros!, ¡que comience la función!, que el teatro ya está en marcha. Un fuerte aplauso para ellos y ellas que se esfuerzan con entrega denodada, pero como si no pasara nada.  

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