Me he quedado sola. Mi novio era un melón. No sé por qué le he amado. No sé por qué lo he dejado. No sé por qué le odio tanto.
amorodioamor
Greta (María Miguel) quiere llegar a casa y encontrar la satisfacción, la dulzura, el cariño necesarios para compartir. Para amar. Para desear. Pero a Greta la casa se le ha convertido en gruta. Ahora puede bailar. Ahora se siente libre. Pero, ¿a qué precio? Al menos, ¿habrán valido las penas que ahora estoy pasando? Greta necesita amar, necesita un viaje de ida y vuelta en el tren del placer y la felicidad. Y no sabe por qué se le niega.

Por eso no hay transición, espacios en blanco entre el amor y el odio y otra vez el amor, y la dicha y la soledad, y la fortuna y la amargura.
Nos encontramos con un texto (y un personaje) real, cotidiano, basado en muchas experiencias frecuentes. Pero también hay poesía, hay magia, hay sensualidad, hay emoción.
Lo primero que hace María Miguel en Amorodioamor es buscar compañía. Compañeros de viaje. Suplir las ausencias con las presencias de espectadores dispuestos. Les paga con un abrazo. Es un precio alto de quien según venga. Después se nos muestra sincera, terriblemente humana, frágilmente desvalida. Nos cuenta su odio. Su odio está cargado de amor. Su odio se alimenta de soledad. Su odio es el que todos hemos sentido alguna vez cuando no hemos comprendido a nuestra pareja, cuando a veces le mataríamos, cuando no han coincidido nuestros deseos.
María Miguel se vuelca en esta interpretación. Se entrega. No es un monólogo al uso. Es un soliloquio con acompañamiento, necesita que la escuchemos para no volverse depresiva. Necesita romper el melón para no romperse a sí misma el corazón. Y se da. Y lo vive. Y nos lo confiesa. Y la confidencia se convierte, por solidaridad, en nuestro propio problema, en nuestra propia experiencia, en nuestra historia de amor imperfecta.
Amorodioamor, así, como un sustantivo abstracto acumulado de sentimientos encontrados, nos pide desde La Cuarta Pared que la escuchemos durante un rato. Que bailemos con ella. Que brindemos con ella. Que la comprendamos. Que la acompañemos. No nos solicita consejo. Solo que vayamos a verla. Para que esta historia suya sea también nuestra.      

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