carambano
Los montajes pequeños, las obras chiquititas, la poesía escondida, el ritmo de blues saliendo de recónditas cuevas, el recitado de unos versos, la sensibilidad de una gota de agua que se desprende del Carámbano, también necesitan su mínimo comentario, su dedicatoria, se espacio escénico.
En estos días y noches, sobre todo, de frío intenso y lluvias plañideras, viene a cuento la representación delicada y suave de estas historias contadas bajo los acordes repetitivos del blues. Bien podría hacerse al calor de una chimenea, con el arrullo de un gato, refugiados bajo la vieja manta de una abuela. Pero lo muestran en la Sala Tarambana, con unos candiles, y con el calor que desprende el público. El carámbano se va derritiendo hasta el aplauso vibrato.
Javier del Sastre escribe los textos y los versos, los poemas y los cuentos: La lluvia, el acordeonista, la locura sentimental, las metáforas líquidas, los besos, los escritores que inventan carámbanos deshechos en palabras,…
Le pone la voz Ana Arakistain, dulce y pausada, aunque quizá debiera cuidar más el parafraseo contagiada por el diálogo, la llamada y respuesta del músico Stefano Presi. Les ayuda a palpitar con el corazón Juanjo Alcántara en la percusión y el sonido grabado de efectos naturales.
Es verdad que para apreciar bien las cosas a veces es necesario cerrar los ojos y dejarse llevar por los sentimientos. Es verdad que puede haber música en las palabras y en los silencios. Es verdad que se pueden escuchar las emociones en una gota de agua que puede ser una lágrima. Todo eso no nos lo quieren desmentir y por eso nos lo presentan con sencillez y melancolía en este blues de las palabras derretidas.

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