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Si la vida es breve hay que vivirla intensamente. Sin embargo, esto se nos olvida a menudo. Que es corta y que hay que sentirla en profundidad. Floria, la que fuera, supuestamente, la amante de san Agustín, lo sabe. Ha llegado a comprenderlo. Ha tenido que sufrirlo. Lo ha penado.

Nieves Castells, con la fuerza y, al mismo tiempo, la delicadeza de esta mujer que escribe cartas orales al que fuera padre de su hijo, nos va desgranando su vida y sus misterios, su amor y su distanciamiento con el famoso doctor de la iglesia.

Floria, o Nieves Castells, se muestra serena, quizá dolida pero no quejumbrosa, decepcionada, pero consciente de que su sensibilidad y sus pensamientos llegarán más lejos que los de Aurelio Agustín, aunque nunca llegará a ser santa. No podrá. No está bautizada.

Jostein Gaarder (El mundo de Sofía) escribe un epistolario donde relata las penurias, las ansiedades, los recuerdos de la que fuera compañera de Agustín de Hipona criticando, no tanto el ascetismo del religioso, sino su “continencia”, su deseo de medrar, su dependencia de la madre.

El monólogo transcurre con esmerada elegancia. Quizás las imágenes de fondo podían haber sido algo más nítidas, más claras. El director, Joaquín Gómez dota de sosiego el ritmo, sin estridencias, apacible, denotando que el personaje ha alcanzado la paz de espíritu. Y la actriz lo secunda con quietud, pero con todo el drama interior que supone afrontar sola el escenario y hablar del hijo perdido, del amante distanciado, de la madre vigilante. Poco a poco se va despojando de adornos superfluos y nos muestra sus heridas simbólicas, ya limpias de la sangre que brotó de su cuerpo lacerado, nos enseña su soledad bien llevada pero doliente, su desesperación domeñada. 

Como muchas mujeres de hoy en día. Floria nos habla desde el siglo V para contarnos palabras de ahora mismo: madre soltera, mujer abandonada, cónyuge maltratada, nuera odiada, maestra incomprendida. Es verdad que ellos, los hombres, ahora no persiguen el ascetismo, porque lo han cambiado por el éxito profesional, porque se creen dueños y señores de ellas, porque temen coartada una libertad mal entendida, porque aún se presuponen mejores,… pero demasiado frecuentemente hay parejas rotas porque consideran la vida en común como un obstáculo. 

Vita Brevis ars longa, la vida es breve, el arte largo. Este monólogo cumple con esas premisas. Se hace corto en su puesta en escena, se hace grande en su interpretación, es arte. 

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