cervantina

Lo cierto es que este virus puede ser bastante nocivo, perjudicial y con grandes contraindicaciones si realmente nos dejáramos contagiar por él. Pero ya se encargan las autoridades pertinentes, los grandes sesudos de la política, los técnicos de la burocracia y los vigías de occidente para preservar ciertas enfermedades y de que no se extienda demasiado.

Y es que, efectivamente, los que acudimos a ver, participar, disfrutar de este espectáculo de Ron Lalá, salimos contagiados, henchidos de buenos humores perjudiciales para la salud mental, porque nos entra el sarpullido de Cervantes, del Siglo de Oro, de leer, de querer que no acabe la comedia. Quisiéramos que durase tres o cuatro horas, como en el siglo XVII, quisiéramos cantar como ellos, recitar como ellos, sentir como ellos. Pero estamos inoculados con el antídoto de las buenas maneras, de lo comedido, de lo artísticamente correcto.

Nunca antes una enfermedad había sido tan placentera.

Ron Lalá, con Yayo Cáceres al frente, se han empeñado en traernos las buenas letras como remedio a nuestros males. ¡Y pardiez que lo consiguen! Acabamos enfermos de satisfacción, un poco más cultos (terrible amenaza), contagiados de teatro.

Ron Lalá nos lee la obra de Cervantes poniendo énfasis en la voz y cantando como en una fiesta. Disfrazados y bailando. Nos lleva de la mano del entonces y del hoy. Y como en una fiesta, nos saca Entremeses y Mil Hojas escritas, unas por el manco de Lepanto y otras por el verso nuevo ronlalalero. Nos dan de beber combinaciones “ejemplares”, mojigangas sin alcohol, jácaras de ironía, loas, follas y matachines a modo de píldoras contra el ardor.

Ron Lalá hacen y no deshacen, crean y creen en lo que interpretan, dan el punto ácido a la sociedad que vivimos, nos avisan sobre la podredumbre que nos invade y nos piden que seamos libres a través del pensamiento, la lectura y el conocimiento pero también de la emoción y de la diversión.

Juan Cañas, Miguel Magdalena, Álvaro Tato, Daniel Rovalher e Íñigo Echevarría se multiplican cada uno por diez o por doce, todos cantan, todos interpretan, todos tañen y tocan el cajón flamenco, todos son uno solo y si se encuentran solos nos piden colaboración.

¡Bendita pandemia la de Cervantina si llegara a producirse en verdad! “No hay vacuna ni aspirina” para ella. El único remedio es aplaudir a rabiar.   

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