Losers
No he visto perdedores en esta comedia, Losers, en el Teatro Bellas Artes. En algún momento he podido ver fracasos, fracasos pasados y no por culpa de los protagonistas de esta obra. He visto, he oído, he presenciado la historia de dos vidas de luchadores, de resignados en algún momento, de buscadores de sensaciones y relaciones humanas. He podido asistir, en todo caso, a una comedia amarga de dos solitarios que se encuentran al fin, y que no estaban acostumbrados a que se les valorase, a que se les tuviera en cuenta, a compartir manías y defectos pero aceptándolos de buen grado.

He presenciado una obra de teatro que comienza con un pretendido sentido del humor, intentando implicar al espectador, reconociendo que los dos personajes que están en escena no lo han tenido fácil y, aún así, conservan un espíritu autocrítico aunque su autoestima sea más bien baja.
Esos dos intérpretes, María Pujalte y Vicente Romero, se complementan como dos imanes, como dos espejos enfrentados, como el plato hondo y el plato llano en la mesa. Lo que empieza siendo una pareja simpática y divertida, con sus manías y prejuicios de cachorros desvalidos, se convierte en un canto de necesidad, de amor, de entrega, de decepción también, pero la poderosa arma de la locura, de la aceptación, de la generosidad ganando la batalla se impone. No, no son perdedores, aunque hayan sucumbido en alguna contienda. Son, y así lo interpretan con grandeza, frágiles seres humanos con sus virtudes y sus defectos.
Marta Buchaca escribe un texto actual, no exento de guiños mediáticos y comerciales pero, iba a decir ‘terriblemente’ realista, pero no es terrible, es ágil, es ameno, es emocionado. Y Guillem Clua los mueve con soltura, como si nada, como si estuviéramos en el salón de su casa como invitados de piedra que no quieren intervenir en la relación de pareja para no meter la pata.
Tanto actores, como autora, como director, se dejan querer, nos invitan a formar parte de su antesala, a confiarnos sus secretos, antes de que dejen pasar a toda la recua de familiares a los que hay que tratar con palabras mal sonantes y tengan que disimular una relación jocosa para no ser criticados como perdedores. En realidad, a nosotros, nos han abierto la puerta sin llamar y nos han dejado pasar. Somos unos privilegiados al poder asistir a esta contienda sin vencidos.

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