La muerte en sí misma no es nada. Y es todo.

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Es terrible la tragedia de perder de repente a quien amas, a quien aprecias, a quien te toca de cerca. Y, entonces, odias y no comprendes, te desesperas, te hundes sin posibilidad de agarrarte a tabla alguna de salvación. Lo que buscamos es una muerte apacible, la que de verdad no mata, la muerte del que ya ha vivido bastante y ya no tiene más ganas de seguir en esta vida. Una muerte de consuelo y no malvada. La muerte, si es justa, vendrá descalza y desnuda. Si aparece rompiendo todo y enfadada, será trágica.

Caronte es eterno. Caronte ha trasladado en su barca a un número infinito de humanos y todos le han contado sus penurias, sus alegrías, su existencia. Y Caronte los comprende y se apiada pero no puede hacer nada. Es como si su eternidad se alimentara de esas vidas que él traspasa inevitablemente a un Hades de oscuridad, olvido y misterio. Y Caronte no quiere seguir haciendo esa labor tan ingrata. No porque se haya vuelto viejo, o más sensible, o más cómodo. Es porque, a fuerza de conocer y comprender a los mortales, se ha hecho más humano.
Esa humanidad terrenal la vemos reflejada con creencia vital en Santiago Senso. Poco a poco se irá despojando de hipocresías y adornos superfluos. Para ser perecedero hay que sufrir las alegrías y penar los logros. Hay que buscar la felicidad en lo efímero. Y Caronte quiere ser uno más entre todos, aunque sea único; busca, como Santi Senso, que no le confundan con la mediocridad y el conformismo. Quiere ser recordado como un hombre bueno aunque sea trágico y excesivo, en ocasiones violento, firme, decidido, héroe, mito. Dándole el contrapunto está Cary Rosa Varona, aportando matices infantiles, dulzura, musicalidad, sensualidad, alegría a raudales, dando gracias a la vida y volando etérea por un escenario intimista, un escenario que se llenará de niebla y de monedas, que sangrará el alma en forma de polvo blanco esparcido por el suelo.
El texto, que va saltando, como en un río, de piedra en piedra, lo firma José Jesús Serrano y nos cuenta hechos mitológicos y sucesos cotidianos actuales, nos cuestiona si la eternidad es atractiva y si la caducidad es traumática. Los intérpretes hacen intervenir al público, quieren que se impliquen, no se limitan a preguntas retóricas que quedarán sin respuestas, pretenden que nos cuestionemos el valor de nuestros sentimientos ante la muerte.  
A la postre averiguaremos que el tiempo biológico no es el mismo para todo el mundo.

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