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A la Nochebuena se le asocian términos como familia, aguinaldo, turrones, misa del gallo o discurso del rey. Suena a plan diseñado para la gente mayor. En más de una ocasión, TVE nos ha brindado la posibilidad de celebrar esa noche del 24 al 25 de diciembre con Raphael. En ese programa el de Linares, acompañado de varios artistas invitados, iba repasando los principales éxitos de su extensa carrera y versionaba algunos de los villancicos más populares del repertorio patrio con un aire único y prácticamente inimitable. De repente me veo de pequeño, frente a la televisión y junto a mi abuela, escuchándole cantar «El tamborilero».

De un tiempo a esta parte, sin embargo, puede que Rafael Martos Sánchez, su nombre real, haya derribado algunas posibles barreras generacionales. Su aparición (acompañadla del adjetivo que queráis) en el anuncio de la lotería de Navidad de 2013 le abrió las puertas de los fenómenos virales, de Twitter y sus trending topic y sobre todo, de los memes. Aquellos días fueron pocas las personas que no recibieron What’sapp con montajes del que hasta entonces para algunos, sobre todo los más jóvenes, no era más que aquel estridente señor mayor que cantaba aquello de «Escándalo» y cosas que sonaban a otra época. Meses después el único español de la historia que ha vendido un disco de Uranio (más de 50 millones de copias) encabezaba el cartel del Sonorama 2014, uno de los festivales indies más importantes del país. De repente Raphael era hipster, gustaba a los viejóvenes y resulta que veinteañeros y treinteañeros se sabían varias de sus letras, himnos con los que poder defenderse frente a sus coetáneos del electrolatino.
No sabemos si de forma acertada pero quizá «Mi gran noche«, la película dirigida por Álex de la Iglesia y estrenada este pasado viernes, haya logrado dar un paso más en ese rejuvenecimiento raphaelista. Y es que la trama se desarrolla durante la grabación de una gala de Nochevieja – aquí las palabras asociadas son juerga, cotillón, barra libre, ligoteo, Anne Igartiburu (Cristina Pedroche), propósitos de nuevo año- para televisión donde todo lo que puede salir mal, casi sale. Ese día -en la gala, en el 31 de diciembre- todas las personas tienen que ser felices y demostrarlo con gran efusividad a los demás. En la vida lo hacemos en las redes sociales; en «Mi gran noche’ a través de la repetición de la toma una y mil veces hasta que todo salga perfecto. Porque todo tiene que ser así. Lo que ocurra entre bambalinas, como la relación de amor-odio entre los dos presentadores de la gala, interpretados por Hugo Silva y Carolina Bang, es secundario. También lo tienen que ser las protestas a las afueras del estudio por parte de los trabajadores de la productora que han perdido su empleo como consecuencia de un ERE o los sentimientos de Adanne (Mario Casas), el ídolo adolescente convertido en juguete roto por su propia fama.
¿Y dónde está Raphael? En realidad se llama Alphonso, está en su camerino y tiene pose de Darth Vader sin escafandra. Y en el filme tendrá dos luchas: por mantener su status  de gran estrella frente a Adanne, que quiere actuar por delante de él en la gala, y por sobrevivir ya que un groupie trastornado tratará de matarle por orden del propio hijo de Alphonso, su mano derecha y al que siempre ha tratado mal. En esa anarquía aparecen otros muchos rostros conocidos como Pepón Nieto, Carmen Machi, Santiago Segura o Blanca Suárez, marionetas de una fiesta esperpéntica donde, mientras todo se derrumba, cada uno tratará de llevar las adversidades a su manera.
En Nochevieja las expectactivas que llevamos son muy altas. Siempre es una noche que promete porque como dice la canción de Raphael, no sabemos qué pasará ni qué misterios habrá. Si la juerga ha sido legendaria o has bebido demasiado garrafón es algo que tú, espectador, deberás juzgar tras vivir tu gran noche. Mientras tanto Raphael, inmortal, seguirá en formol arriesgando para llegar a todos los públicos.

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