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David Amor desgrana con enorme gracia y sus grandes manos, –perdón-, su gran locuacidad, diversos y variados temas que marcan, nos marcaron, nos enmarcan en la sociedad de antes y de hoy.

Como si hubiera estado sentado entre nosotros en el patio de butacas y alguien le dijera: “anda, David, amor, sal a contarnos algo”, y él dejara su butaca libre (Fuera de sitio), como en las funciones escolares, y saliera de repente, como si tal cosa, a presentarse, a comprobar la predisposición del público, (que obviamente es buena, si no, no habrían venido), para dar paso a un espectáculo en el que comienza hablándonos de sí mismo, de su terruño, de su infancia, de las costumbres galegas que, por otro lado, son muy similares en el amplio territorio ibérico; ya lo dice él: “nací muy al norte de Córdoba, en Galicia”. Costumbres que un día le llevaron a dedicarse al humor porque cantar no sabía.
Y después se mete con las compañías aéreas “low cost” como podría haberse ensañado, sin acritud, con una multinacional de grandes superficies, o una cualquier empresa de mediática publicidad popular, porque reparte leña húmeda, (es decir, sin muy mala leche), con sabiduría ingeniosa y encima con gracia y desparpajo.
Más tarde pasa por su tamiz a los ritmos “electrolatinos”, a los dibujos animados de antaño, a las abuelas, a las orquestas de pueblo, al afán siempre decepcionante de intentar ligar,… pero podría haber sido cualquier otro tema.
Para David Amor todo es factible de comentar desde un punto de vista ácido, crítico y cítrico, a veces absurdo, siempre hilarante y, al mismo tiempo, familiar, de colega a colega, de hombre campechano que hace una velada divertida, que se levanta de su silla para contar un chiste, pero sin llamar exageradamente la atención, y que disfruta y nos hace disfrutar con sus ocurrencias que todos algún día hemos pensado pero que nunca hemos verbalizado.
Y él, sí. Y a tanto llega su desfachatez (sin doble sentido), su reírse consigo mismo y con nosotros, que nos canta una canción sin complejos; para hacernos sufrir un poquito y porque tenemos la boca seca de reír y las manos calientes de aplaudir este Fuera de sitio que presenta en el Pequeño Teatro Gran Vía de Madrid para deleite de chulapos, chisperos y manolas.

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