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No pueden volar. Pero hay que intentarlo. Hay que mirar hacia lo alto. Lo que hemos tenido está muy bien, pero no podemos conformarnos. Ella no puede conformarse. Él se muestra más satisfecho. Ella tiene mucha vida dentro. Él prefiere contemplarla. Por eso duerme de pie con los ojos abiertos. Ella no puede estarse quieta. Él la comprende, quiere comprenderla, pero él es más torpe. Nunca podrá alzar el vuelo. Ella sí, aunque tenga un ala rota.

No existe la felicidad completa, ni siquiera en los pequeños detalles. Ni siquiera con la mesa siempre preparada por si alguien viene. Ni siquiera entrando el sol por la ventana y teniendo el mar al lado. Lo que parece idílico, perfecto, pronto se convertirá en rutina, aunque después de probarte, los alimentos sepan a tu recuerdo. Aunque el presente sea algo inesperado, a la larga, será lo mismo de siempre.

La virtud de la torpeza es un gran texto. De Cristina Redondo. Un texto poético, y duro, y esperanzador, y libre, y fuera de lo común.

Y Daniel Gallardo y Paula Quintana interpretan con sensibilidad y cariño a Él y a Ella. Él está enamorado y ella también, pero él se conforma, cree que ha alcanzado la virtud; ella no, ella se ve torpe a pesar de la coordinación de sus movimientos, a pesar de su mirada limpia, a pesar de sí misma. Tanto él (Dani) como ella (Paula) sienten el escenario, sienten las luces, la música, acertadísima, sienten, sobre todo, el texto, y sus propios personajes, y nos hacen sentir a nosotros. Aunque no podamos hacer nada por ayudarlos. Aunque quisiéramos estar en su lugar. Aunque esperemos el final inevitable.

Fernando Soto los dirige con la misma sensibilidad que tienen los actores y que tiene el texto. Al igual que hace en Constelaciones se nota que bebe de la poesía, que le gustan las escenas limpias, que respeta al espectador ofreciéndole algo más que un buen montaje.

Y el marco donde se ofrece esta función, la Sala Mirador, también tiene su encanto, su poesía, su nostalgia, su recoleto rincón, para henchirnos del alimento saludable de las artes escénicas.

Saludemos este tipo de representaciones, démosle publicidad, hablemos de ello, contémoslo, hagámoslo volar para que todo no sea televisión, publicidad o fútbol. Hay espectáculos esperando a que abramos sus puertas y ventanas, escenarios iluminados por la gracia de actores, directores y autores que nos regalan su sensibilidad a raudales.

 
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Constelaciones, de Fernando Soto

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