Mago Pop
 

“Es bueno. Es muy bueno. Está muy bien. Se hace ameno. ¿Cómo lo hará? No hay forma de pillarlo. Es simpático.  Es divertido. Impresionante. Se me ha pasado volando. Tiene chispa. Y es muy joven. Mucho curro. Un clásico de la magia, pero con un toque nuevo…”

Todas estas opiniones escuché a la salida del espectáculo La gran ilusión de Antonio Díaz, el mago Pop. Lo cierto es que todos estaban en lo cierto. Hace magia clásica, sin chistera aunque con sombrerito, hace aparecer conejitos blancos sin reloj, descubre cartas y juega con habilidad con ellas, aparece y desaparece, hace intervenir al público y les pide colaboración que luego transforma en vaticinios dichos de antemano; tiene como ayudantes, no una sino cuatro, mozuelas de buen ver, introduce algo de hipnotismo, se le teletransporta o hace que otro lo haga, no cuenta chistes como tal pero dice chascarrillos e improvisa con situaciones, nombres y personas. Un mago de siempre. Pero con nueva frescura, con nuevas técnicas más modernas y al uso cotidiano de nuestros días. Lo que le hace creíble pero sorpresivo, cercano pero inalcanzable.

Gracias a la cámara, en directo, consigue que números más intimistas o de proximidad puedan apreciarse en toda su intensidad por un teatro lleno. (El teatro Calderón, recién recuperado con acierto de unas obras que se han alargado durante algunos meses. Y con un patio de butacas muy cómodo y con gran visibilidad). Y como es un teatro, su gran ilusión es convertirlo en un gran espectáculo. Cuenta un cuento, utiliza la proyección de sombras, le da importancia a las luces, domina el espacio.

Si no son efectos maravillosos, sí son refulgentes; no es magia natural, pero el mago Pop la hace evidente. Es imitativa, en cuanto que muestra lo que otros magos, pero la hace de forma diferente. Si no podemos hablar de magia blanca, sí podemos hacerlo de magia aséptica, para todos los públicos, para todas las creencias, para todos los gustos.

La gran ilusión de Antonio Díaz, el mago Pop, es ilusionarnos, divertirnos, asombrarnos, sorprendernos, descolocarnos, instigarnos, y lo consigue, y por eso quieren después saludarlo, comprobar que es humano dándole la mano o haciéndose fotos con él y, por eso, también, nos volvemos a casa pensando cómo lo hará, cuánto tiempo  de ensayos, cómo nos ha gustado. Y, entonces, todos quisiéramos ser un poco magos.

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