Hoy tengo que empezar a hablar de los actores. Estos grandes actores que sienten el teatro por dentro y por fuera, que no solo le prestan su voz y su cuerpo a los personajes que tienen que interpretar, sino que les aportan su propio carácter, sus experiencias, sus sentimientos. Actores y actrices de teatro que cada noche dejan en el camerino sus vivencias y pesares, sus alegrías y preocupaciones. Y no solo hablo de actores de reconocido prestigio, sino de todos aquellos que forman parte de los elencos, protagonistas y secundarios, afamados y anónimos.

atchuusss

En Atchúusss!!! tenemos a cinco actores de raza. Cinco grandes espadas. Cinco jotas del teatro 100% ibérico. Cinco lobos en las tablas de la farsa. Cinco anillos del juego teatral. Cinco percepciones sensoriales. Cinco historias de Chéjov que nos contarán de forma peculiar, hilando unas con otras a través de un estornudo, contagiándonos el virus de la risa, traspasándonos el buen hacer teatral.
Adriana Ozores. El teatro es ella y toda su familia. Y se ha ganado a pulso llevar con orgullo un apellido categórico. En Atchúusss!!! se transforma como los camaleones. Crece y decrece, muda la piel, cambia la voz, es sumisa y recatada, autoritaria y déspota, desequilibrada y reivindicativa. Solo con su presencia llena el escenario.
Ernesto Alterio. También con apellido ilustre de la escena, pero también grande por sí mismo. Tiene a la voz a su servicio, marca el ritmo quebrado de sus personajes, atrae, no puedes dejar de mirarle, sorprende, es un oso bueno, un viejo achacoso, un feliz y divertido espíritu del teatro.
Malena Alterio. Inmensa. Siempre me han producido mucha ternura los personajes que he visto interpretar a Malena. Con “Poquita cosa” te dan ganas de llorar, quieres ayudarla, tan desvalida, pero cómo cambia en “La petición de mano”, qué energía, qué voz, qué maneras tan divertidas, al igual que “En la criatura indefensa” donde defiende un personaje estrambótico, estrafalario, singular y ridículo, divertidísimo.
Fernando Tejero. Tiene que ‘demostrar’ en cada personaje que interpreta que no es el portero mediático que le dio la fama. Le recuerdo desde aquella pequeña intervención en Los lunes al sol  preguntando qué es criterio. Criterio es querer montar esta magnífica obra, es saber darle a sus interpretaciones ese punto amargo y tierno a la vez, esa inseguridad bien medida, esas inflexiones y modulaciones perfectas.
Enric Benavent. ¡Qué voz, qué elegancia, qué impostura tan bien trazada! ¡Cómo simplemente contándonos un pasado, entre cierto e imaginado, nos introduce en el ambiente teatral! Benavent es un poco Chéjov, es el alma de todos los personajes, es el fantasma del que no puede olvidar que vive en un teatro.
Y si hay cinco dedos para rasguear una guitarra, la sexta cuerda es Carles Alfaro. Para unir toda esta amalgama de cuentos inesperados, esta escenografía que nos permite ver un poco las entretelas de un mundo tan mágico y, al mismo tiempo, vernos reflejados en el espejo de nuestra realidad, con nuestras ansiedades y recuerdos, nuestros egoísmos e ilusiones, nuestros temores y nuestras denuncias.
Al final aplaudimos con denuedo este soberbio montaje, pero deberíamos salir estornudando contagiados por la calidad de sus virus.

Bitnami