Nuestros vecinos de arriba, que mal que nos pese nos siguen llevando la delantera en bastantes  cosas, idearon a principios de los ochenta “La Fête de la Musique”, una celebración popular y participativa en la que sacaban la música a la calle llenando las ciudades de conciertos gratuitos de la mañana a la noche. No dejaba de ser la recuperación del rito pagano del solsticio de verano  y por eso se escogió el 21 de junio para celebrarlo. Qué mejor que la música, la actividad artística más presente en nuestra vida diaria y que no puede faltar en ninguna celebración, para dar la bienvenida al verano.

día de la música

El éxito de esta iniciativa francesa se internacionalizó al poco tiempo dando lugar en nuestro país a “El Día de la Música”.  No estoy seguro que seamos el país con mayor cultura musical –me temo que los anglosajones nos superan con creces en eso- pero sí de que probablemente seamos uno de los países con mayor cultura festiva. Y de eso se trata, de celebrar que la música existe. Igual da que lo tuyo sea el rock, la ópera, el trans metal, la electrónica o el pop, que seas el más enterado de tus amigos y el primero en descubrir la última tendencia o que lo que escuches sea el artista más popular del momento porque sale por  televisión de jurado de un “talent show”. Lo importante es que la música está presente en nuestra vida, es consustancial a la naturaleza humana y la necesitamos para vivir. Lo importante es disfrutarla.

Pero en los últimos tiempos “el Día de la Música” ha añadido a su origen festivo un carácter reivindicativo. Los profesionales de la música llevan tiempo reivindicando la necesidad de una situación más favorable para la sostenibilidad del sector. La música, como el cine y otras actividades artísticas, es también una industria y es necesario que el engranaje funcione para que al final las canciones lleguen al público y las salas de conciertos abran sus puertas. El IVA cultural del 21%, el más alto de Europa, ha supuesto un grave varapalo a la supervivencia de muchos promotores musicales llegando a situaciones inexplicables como que las salas de conciertos pagan un IVA mayor de las consumiciones que sirven en las barras cuando hay concierto que cuando no lo hay y funcionan solamente como un bar.

Ahora más que nunca es el momento de apoyar la música y la cultura y la mejor manera es disfrutándola. Y si es en vivo mejor.

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