Nada más placentero que dormir y soñar recordando los sueños si son gratos. Nada más gratificante que soñar despierto y que los deseos se hagan realidad. Nada más real que un sueño imposible después de constatar una cruel evidencia. Y así podríamos ir desgranando y jugando con las palabras y los sueños, con las situaciones y los deseos, con personajes fantásticos y con seres humanos de toda condición social.
critica
Shakespeare sabía bien lo que hacía. O lo que escribía. O lo que sentía. Y si no es así dejó buena constancia de su arte, de su escritura, de su ingenio. Por eso hoy se sigue representando. Porque son bellas sus palabras. Porque son emocionantes sus dramas y pasiones. Porque son cómicos sus juegos y reales sus personajes y materiales sus ficciones.
Shakespeare y sus comedias son una buena escuela. Aunque no sea nada fácil representarlas, ni hacer una buena puesta en escena, ni interpretarlas con facilidad. Y por eso, los Alumnos de Taller de 4º de Interpretación Textual de la Resad Madrid se atreven con este magnífico texto y lo ponen en pie.
Y lo hacen muy bien. Impecables. Incluso tienen dos repartos. Y representan hasta por la mañana. Y muestran ya la profesionalidad que se les exigirá en el difícil mundo teatral. Y doblan personajes. Y sudan el vestuario. Y dicen el texto con energía, con creencia, con entusiasmo.
Elegante, sobria y sencilla escenografía, pero adecuada a los cambios de escenas, a los claroscuros del bosque de las hadas, al palacio del Duque, a la sala de ensayos de la desastrosa compañía de cómicos. La iluminación es efectiva y limpia, genera ese halo de misterio y neblina. Pulcros los trajes, acordes al movimiento y a los personajes. Intachables las interpretaciones. Estén a atentos a Marina Adeva, José Ramón Arredondo, Wako Castellano, Yolanda de la Hoz, Cristina Gallego, Celia García, Alejo Moreno, Jonathan Sánchez, Carlos Martos y Cristina Subirats, porque pronto los tendremos asumiendo grandes o pequeños roles, ambiciosos o modestos proyectos, pero con la solvencia y profesionalidad característica que les habrá dado su paso por la Real Escuela de Arte Dramático.
Charo Amador, como profesora y directora, ha sabido imbuirles con su buena pedagogía teatral, la seguridad necesaria, la independencia imprescindible, pero también la sistematización de los ensayos, la rigurosidad del trabajo bien hecho, la solvencia de las expresiones anímicas.
Saludemos a través de este montaje de El sueño de una noche de verano a todos aquellos iniciantes del difícil arte de la farsa. Demos la bienvenida a estos montajes, frescos de lozanía y vigor, a los espíritus jóvenes y traviesos que quieren campar por las tablas escénicas, a los nuevos compañeros de un difícil viaje a muchas partes, a los que se pondrán una cabeza de burro como objetivo para alcanzar su más preciado deseo, su sueño más vivido y su ilusión más recalcitrante.

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