EN-EL-BANO

Hay en las casas dos estancias especialmente curiosas. Una es la cocina, la otra el baño. La primera suele ser el lugar de reunión familiar (para bien y para mal); mientras se están preparados los guisos pertinentes los hijos cuentan a sus madres las desavenencias con sus compañeros de estudios, los éxitos obtenidos por mérito propio o por simple casualidad, también donde surgen las peleas entre cónyuges y parejas o, por el contrario, las reconciliaciones que culminarán en otro lugar; también los reproches, los silencios espesos y culpables, las ganas de matar con un cuchillo en la mano, el atractivo de la harina como elemento erótico festivo.

El otro lugar mágico es el baño. Este suele ser más íntimo, como es natural. El espacio donde uno puede desahogarse a solas, donde podemos aislarnos por unos minutos de la vorágine casera, donde uno puede gritar en voz silenciosa o llorar con lágrimas sinceras. El baño suele ser, por norma general, un reducto infranqueable, personal, liberador.
En la excelente función En el baño de Astrid Veillon, en versión de Beatriz Santana y Pilar Ruiz Gutiérrez, pasa lo contrario. El baño de Lu (María Kaltembacher) se ve invadido por tres de sus amigas porque le han preparado una fiesta en su cuadragésimo cumpleaños. Como la casa se llena de gente extraña y menos avenida, el aseo es el único lugar donde, entrando y saliendo constantemente, pueden ayudarse, recriminarse, ocultarse las verdades y reprocharse las mentiras, echarse a la cara acciones pasadas y futuras decisiones.
Ana Villa, Eva Higueras, Roser Pujol y Mónica Vic están espléndidas como amigas incondicionales y madre despechada. En el baño es una comedia dura, realista, intimista, cercana, cotidiana con toda la crudeza de las relaciones personales. Personas que han estado, están y siempre estarán para apoyarte, para aconsejarte, para entenderte. Aunque sean capaces de lanzarte cuchillos envenenados, aunque te escupan a la cara para decirte que nos les gusta tu actitud, aunque te hagan sufrir diciéndote lo que no quisieras oír. Pero así se forja una profunda amistad. Otra cosa es que cada una lleve en su interior su particular amargura, su soledad inmensa, su infierno emocional.
Gabriel Olivares como director sabe sacar partido de todas estas situaciones. Las estresantes escenas del baño, en el mínimo espacio donde caben tan grandes dramas, y en un amplio territorio de pensamientos, donde inmóviles y terribles, cada una tiene que lidiar con su propia realidad.
Las actrices lo dieron todo. Se desnudaron interpretativamente para ofrecernos una sincera actuación. A pesar de los poquitos espectadores que éramos. A pesar del frío externo que imperaba en el ambiente. Hay que darle calor a estas comedias valientes, hay que apoyar a estos teatros, como el Arlequín, que hacen equilibrios sobre la cuerda floja para mantenerse, hay que asistir al teatro para salir del mismo con la satisfacción de haber visto una magnífica historia.

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