tricicle

Han caído en las redes. En las redes sociales, en el mundo cibernético, en el proceloso mundo de la informática, en la teoría de la información digital. Pero no se han dejado atrapar. Al contrario, se escapan de esa red con la habilidad del que deja el ordenador para irse a tomar una caña. Han sabido apoderarse de la dicotomía de los valores y conventirse en tricotomía aunque suene a madeja de lana. Tres en uno, como un aceite lubricante que ayuda a desengrasar mentes oxidadas o seriedades demasiado apretadas en la boca del estómago. Nos aflojan las mandíbulas y reímos a ídem batientes. Uno por tres, como la oferta de los supermercados, aunque los tres tengan el mismo valor, la misma calidad expresiva, sin querer evitar que cada uno tengamos nuestra pata del banco preferida. Al fin y al cabo, son gemelos totalemente distintos.

Y como el mundo virtual es tan amplio, de todo sacan cosquillas. De los supermercados, de los deportes (incluso de riesgo, como la pesca) de la música (magnífico el homenaje a Les Luthiers), de los castings (desternillante el gag de la morcilla y el baicon a la parrilla, -aunque a la salida escuché «destornillante»- y no me extrañó porque Tricicle lo desmonta todo), y uno duda si cada parodia es una crítica acerba o un alboroque cariñoso de todos los personajes y situaciones que interpretan.
Se fijan mucho los del Tricicle y nos hacen fijarnos a nosotros. Para conseguir esos registros tan cómicos, han tenido que observar detenidamente el mundo real (que no virtual) que nos rodea. Y nos lo muestran con la dosis exacta de nariz de payaso, con las muecas de histrión y los silencios subjetivos rotos por las carcajadas.
Carles Sans, Paco Mir y Joan Gràcia están en estado de gracia, valga la redundancia, (aunque alguno diga «rebundancia»). Pero desde hace treinta y cinco años, nada menos. Y no sé si ellos se cansarán, que me imagino que sí, pero nosotros, sus admiradores incondicionales desde Manicomic, Exit, Slastic (en Slastic unos bebés inmensos jugaban a quitarse la pelota, ahora son unos viejecitos -los personajes, claro- que compiten por llegar los primeros a la meta, los años no pasan en balde de agua), Terrific,… no nos cansamos de seguirlos y de reírnos con sus ocurrencias allá por donde vayan.
Saquen la entrada prontamente y enséñenla a la ‘entrada’, porque si no, no les dejarán ‘entrar’; acomódense en su butaca, pero después de haber hecho pis, porque con tanta risa a los mejor se les afloja la vejiga y hacemos un estropicio. Después de ver Bits, uno sale con el ánimo renovado y la sonrisa en la cara.

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