CHIMPON

Juan Margallo y Petra Martínez. Petra y Juan. Hay que venerar a estos dos artistas desde los pies hasta la punta del cabello. Hay que quererlos. Se dejan querer. Se dejan el alma y el cuerpo, si es que tuvieramos alma. Porque no lo sabemos. Y ellos ponen en duda cualquier cuestión. Como las buenas gentes del teatro. Ponen en jaque hasta sus propias vidas, su pasado, lo que vivieron y lo que no, lo que sufrieron y lo que rieron. Son ellos y no lo son. Ni siquiera mueven ellos mismos las sillas de ruedas que los transportan, a veces. Porque son capaces de levantarse y subir los peldaños que les asoman al balcón del recuerdo y trayectoria teatral. Y desde esa atalaya en la que se ve todo desde otra perspectiva nos hacen este maravilloso regalo.

Ellos, Juan y Petra, son teatro. Son las sesiones de infantil que han deleitado a tantas generaciones. Son la Sala Gayo Vallecano y la Sala Cadarso, pioneras en espacios alternativos. Son Tábano y Uroc y los montajes comprometidos. Son las argucias para despistar a la censura y la adaptación de títulos para actualizarlos a una realidad (léase sociedad) opresora, hipócrita y educadamente ñona.
Con ¡Chimpón! sacan a relucir las viejas sinergias vividas. Y nos ofrecen un poema surrealista de pie quebrado. Y en su lenguaje está el teatro del absurdo que cuestiona la existencia en sí misma. Está Beckett pero menos pesimista. Está lonesco pero menos burlesco y más emocional. Están Jardiel y Mihura, inverosímiles, imaginativos y, sobre todo, libres. Están Tip y Coll con sus diálogos cargados de lógica irracional, o Gila, con sus monólogos de ingenuidad ácida.
Petra y Juan navegan a través de las palabras y los recuerdos, y van hacia un futuro incierto y cibernético. No guardan rencor, aunque mantienen cierto resquemor. Sobre todo Juan/JF, (lo siento, este es uno de los casos en que actor y personaje para mí son uno solo) al que le sigue acechando un mosquito mecánico que lo vigila. Petra/Tita sigue reivindicativa pero con la sabiduría cómica que da la experiencia.
Margallo y Martínez, auspiciados por Margallo Martínez (Olga), hacen un repaso a la película teatral de sus vidas. Utilizan recursos escénicos, manejan el tempus dramático como solo ellos saben hacerlo, pero si se hubieran sentado a charlar simplemente entre ellos como hacen al final, teniéndonos como testigos, también nos lo hubiéramos pasado en grande y disfrutado con su buen hacer interpretativo. ¡ Chimpón !

Bitnami