CRITICA

Loable es que haya compañías dispuestas a representar montajes adaptados a la difícil edad de la preadolescencia.
Loable es que, además, lo hagan con textos que no son fáciles ni siquiera para los espectadores adultos.
Loable es que estén dispuestos a viajar desde su ciudad de origen a otras ciudades y pueblos para llevar, remedando a Lorca con su Barraca, el teatro, la cultura y la diversión por esos lugares dejados de la mano del hombre.
Día a día, casi constantemente, estas pequeñas Compañías, de uno, dos o tres actores, (en el mejor de los casos cuatro o cinco), se desplazan como los cómicos de la legua -no tan ancestrales-, a colegios, centros culturales, pequeñas salas de teatro, escuelas, bibliotecas,… a mostrar su trabajo de forma lúdica y didáctica; en algunos casos, pecuniariamente perjudicados y, después, charlan con ellos, se hacen cercanos, intentan transmitir su pasión por la escena.
Los Navegantes (Zaragoza) es una de estas Compañías. Ponen en escena el difícil texto de Henrik Ibsen, Peer Gynt, y lo acompañan con la magistral música de Grieg y dos actores, Ana Garcés y Rubén Gracia, llevados de la mano de Mariano Lasheras, asumen todos los personajes, todos los símbolos, todas las lecturas del teatro, con sus marionetas de mano, sus pequeñas escenas de sombras, sus máscaras, su coreografía también, una escenografía simple pero funcional, una interpretación más que creíble, y, sobre todo, emocional, como ellos quieren hacer constar, porque «a través del teatro podemos vivir o revivir expresiones únicas».
En dos funciones matinales con un público jovencísimo (1º y 2º de la ESO) se entregaron al complicado, y menoscabado, arte de Talía y Melpómene. Y lo hicieron como si estuvieran las mismísimas diosas viéndolo, con todo el respeto, con toda dedicación, con todo entusiasmo. Siempre es así. Todas las compañías profesionales (o no) que se precien, saben lo que es entregarse en cuerpo y alma a estos espectadores que, por desgracia, están tan poco habituados a ver teatro «en directo».
Loas para ellos por esta aventura y que la farsa continúe forjando nuevas pasiones escénicas.
 

Bitnami