Bansia suena a ansia. Bansia suena a Bankia. Bansia suena a actualidad, a debate, a tertulia de todos los días, a desahucio, suena a políticos corruptos, a poder, a engañar, a medrar sin importar quien queda debajo, suena a dinero sucio, a cuentas opacas, a paraísos fiscales, a ricos y pobres, a desgraciados y a protervos, a sexo, a engaños, a arrepentimientos fingidos, a tramas indesenredables, a soledad, a muerte…

CRITICA-1

Bansia no nos descubre nada nuevo, estamos ya más que hartos de oír hablar de corruptelas, de que nos han vendido la moto de las constructoras y las preferentes, de que gastábamos por encima de lo que nos podíamos permitir, de que hemos tenido que rescatar un dinero que ellos han gestionado mal, (o bien para unos pocos), estamos hartos del «que se jodan» y del «a mí nadie me dijo nada» o «no sé de lo que me estás hablando», o «no tengo nada que declarar». No nos descubre nada nuevo, pero nos lo cuentan de forma diferente. Y eso es lo bueno. El teatro está para eso. Para denunciar y para criticar. Para que no se nos pase por alto ni siquiera lo que ya sabemos. Bansia es transparencia y claridad.
Y Carlos Pontini con el texto y su interpretación nos lo cuenta a la vieja ausanza. Como antes, como siempre, como cuando no había tertulias, ni telediarios, ni periódicos, ni redes sociales. De viva voz. De vivo cuerpo. De puro teatro. Juanma Cifuentes consigue darle ese punto teatral, irónico, directo, a veces, hasta humorístico y medio musical. Y Antonio de la Fuente se crece en su delgado cuerpo, y nos ofrece un Alberto Trigo orondo de ambición, barrigudo de sexo, corpulento de pocos escrúpulos, gordo de oro de papel, rechoncho de mala conciencia que ha escondido en sus archivos de adúltero, en su cartera de cohechos, lo que tarde o temprano se descubrirá y aunque tire de la manta o sea cabeza de turco le salpicará y no podrá limpiar ni su conciencia ni sus actos. Y Raquel González Huedo sabrá imprimir a su joven personaje la impronta de la serpiente venenosa, la auténtica hiena del poder, la erótica del triunfo sim importar por encima de quién pase. Aunque el personaje que mueve los hilos, creo yo, es uno elíptico, aludido, Ramón Abengoa, que no sale, pero del que todos hablan. Como Pepe el Romano en la Bernarda Alba, es el desencadenante de toda la tragedia. Es el auténtico jefe en la sombra. Es el que mueve los hilos. El que hace y deshace, el que une y desata. El que no conoceremos nunca, como pasa en la realidad.
Y esta compañía nos lo cuenta como corifeos de la tragedia griega, como juglares de la época medieval, como jácara del siglo de oro, como bufones de la corte, como cómicos de la legua, para que abramos los ojos y los sentidos, para darnos cuenta de que el teatro sigue y seguirá siendo el reflejo de la sociedad que nos acecha. En un espacio pequeño, es verdad, la sala Azarte, pero ¡qué bien sientan estos familiares espacios escénicos para que el teatro siga vivo y sea parte de nuestra existencia! ¡Cuánto valoramos ahora los corrales de la comedia! Pues valoremos en este momento estas salas que nos ofrecen espectáculos de calidad con profesionales que, al contrario que nuestros políticos, no tienen nada que esconder y si mucho que mostrar.

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