SINACIO

En la estela de los programas de cocina, tan de moda hoy en día, aunque hayan existido desde siempre, (claro, es lo que tiene comer, que hay que hacerlo a menudo), llega este Sinacio para invitarnos a conocer su acercamiento, más o menos experto, a los fogones.
Y lo hace como cuando un amigo nos propone ir a comer a su casa.

  • ¿Llevamos algo?
  • No, no os preocupéis, yo lo pongo todo.
  • Pero, hombre…
  • Nada, con vuestra presencia es suficiente. ¡Y no se hable más!

Y no se habla más porque Sinacio se lo habla todo él solo. Pero, eso sí, con mucho humor. Con mucho desparpajo, con mucha soltura, sin las estrecheces que tenemos los demás en las menguadas cocinas de nuestras casas. Él dispone de un inmenso mostrador, del atuendo pertinente, de la olla humeante, del frigorífico último modelo, y me atrevo hasta a decir que de los mejores productos. Y lo acompaña su gorro y su delantal, un admirado Groucho de gomaespuma que lo vigila, una cervecita bien fría, e incluso, un delantal de chica colgado para una pinche que no llega.
Y como si estuviéramos en su nueva y flamante casa, nos va contando sus anécdotas, sus chascarrillos y, como somos sus amigos, hasta sus secretos más personales, que, logicamente, no se cree nadie. Mientras tanto dice que cocina y dice que hace y dice que dicen, y nosotros reímos sus chistes, sus ocurrencias, sus experiencias, que son un poco las de todos y por eso nos tiene ganada la voluntad, y nos quita el hambre porque nos alimenta con el buen humor, nos engorda con la satisfacción de considerarnos sus amigos.

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Guisar no guisa mucho, aunque trastea de lo lindo, pero sin dejar la cocina hecha unos zorros para que luego la limpien otros. No. Lo cierto es que, poco a poco, nos va dejando cada vez más satisfechos. Luego nos comeremos un bocadillo, pero es que con el ejercicio del estómago ante las convulsiones que produce reírse, abre el apetito. Y es que la risa es afín al placer del gusto y de la necesidad. Ya el ínclito poeta Pablo Neruda nos lo advertía: «No me quites tu risa porque me moriría». Igual que nos moriríamos si no comiéramos. Sinacio lo sabe y pretende mezclar los ingredientes de este plato que nos sirve caliente cada martes en el teatro Cofidis Alcázar.
Cuando uno tiene muchos invitados en casa nos agobiamos `un bastante´. Sinacio, al contrario, cogiendo la sartén por el mango, está encantado de que le visitemos, aunque no llevemos nada, ni un triste vino ni unos dulces pasteles. Ya se encargará él de condimentarnos con su sal, su pizca de pimienta y su gracejo picante.

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