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Si te despertaras una mañana como otra cualquiera y toda la gente de alrededor fueran los mismos de siempre, pero no así la relación que tienes con ellos, y pensaras que has pasado una noche toledana y la resaca no te dejara ver las cosas como realmente crees, o creías, que son, o supieras que te están tomando el pelo, que no es más que una broma bien pergeñada, o que aquello que deseaste una vez se ha cumplido de repente y por más que te esfuerces no consigues volver a enderezarlo, entonces, los demás te tomaran por loco, o convendrán que les estás tomando el pelo, o te pellizcarás para ver si es que estás viviendo un sueño.
Jordi Galcerán, autor de la obra, juega en Cancún al despiste, (qué bien elegido el lugar, paraíso tropical de ensueño, donde nadie más te conoce y, por lo tanto, no pueden corroborar lo que fatídicamente sospechas, donde pueden haberte hecho efecto las bebidas espirituosas que se consumen, donde se dan alas al desenfreno aprovechando las vacaciones,…), juega a las identidades, o a las vidas trastocadas, como en su día lo hiciera Enrique Jardiel Poncela en Cuatro corazones con freno y marcha atrás, por ejemplo, o en el regreso del marido a arreglar lo que no pudo ser en Un marido de ida y vuelta, juega con la estética de lo inverisímil pero haciéndola aparecer de forma natural, en una situación poco usual pero que puede pasar por perfectamente lógica, juega con un humor que si bien no se basa solo en el lenguaje, sí lo hace con la ironía, con los equívocos, con los contrastes y las paradojas, las exageraciones, juega con los personajes inocentes ellos y con los espectadores que están en el meollo pero ya no saben a quién dar credibilidad. juega, en definitiva, con las pasiones ocultas, con los deseos no cumplidos, con la rutina de vidas anodinas que pudieran romperse por un simple gesto realizado o escondido, guardado en la recóndita memoria y que fue así y no de otra manera porque faltó el canto de un duro.
Gabriel Olivares, una vez más, dirige la comedia y los actores con soltura, ritmo, empatía, y ellos se dejan llevar por la mano elegante porque se nota que disfrutan como si realmente estuvieran de vacaciones, aunque salgan a relucir rencillas, envidias, anhelos, apetencias, quereres, carencias,…después de veinticinco años de convivencia, ¿quién no las tiene?

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María Barranco, Vicente Romero, Francesc Albiol y Aurora Sánchez hacen buenas parejas, que se quieren y se engañan, que se añoran y se repelen. Como todas las parejas que se precien.
Ahora les toca a ustedes tomar asiento en clase butaca en el ya centenario Teatro Infanta Isabel y viajar a este Cancún teatral para tener la experiencia «in situ» de este divertido e inconsciente cambio de parejas.

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