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Parece mentira que esta obra, efectivamente, como nos cuenta su directora Helena Pimenta, sea tan poco conocida o haya sido tan olvidada. Parece mentira que su autor, Francisco de Rojas Zorrilla, también sea tan poco sonado; aunque algunos títulos sí se frecuentan en las tablas como Entre bobos anda el juego y Del rey abajo ninguno. Esta comedia es fresca, ágil, divertida, cargada con los tópicos temáticos del siglo XVII, los celos, el honor, el engaño, la confusión, los duelos, el gracioso vertebrador de situaciones, las escuchas, los fingimientos, las dudas, los enredos, las visitas nocturnas a las estancias de las damas, la desesperación. Lo tiene todo, o casi todo, y nos hace pasar un rato alegre, divertido, distendido, disfrutando del buen teatro, de la buena interpretación y de la buena puesta en escena.
Los actores, en algunas ocasiones, decían el verso a una velocidad endiablada, tanto, que pareciera prosa. Un acierto. Gracias a estas obras el oído se nos va haciendo al ritmo y la musicalidad de unas palabras que juegan con el lenguaje, con el que podemos rescatar palabras en desuso pero fonética y semánticamente bellas. Nos hace retrotraernos a las comedias de los corrales, sus puertas, sus ventanas, sus cruces de sables, la madeja que se enreda pero que no forma nudos, porque al final todo vuelve a su sentido.
¡Qué grandes intérpretes! ¡Qué gusto da seguir viendo a Fernando Sansegundo en el escenario dando prestancia a la compañía! (Y que además firma esta estupenda versión). A Natalia Millán y a Clara Sanchis que no se muestran simplemente sumisas y obedientes como correspondería al prototipo de la mujer de esa época sino que, disimulando, no pararán hasta lograr su objetivo. Gran Rafa Castejón, fabuloso Jesús Noguero, inmenso David Lorente.
Y qué bien, cuando después de tanto grito de celos y venganza, tanta riña y confusión, se hace un silencio tremebundo, que nos encoge en la butaca, cuando se descubre quién es quién. Cuando hay que perdonar o mantener el honor a salvo con un decisión que puede ser despiadada.
Con ser una comedia más del siglo de oro, es una comedia excepcional; ya podemos añadir a nuestro conocimiento personal, junto a Lope y Calderón, a Rojas Zorrilla. Algún espectador a la salida, afirmaba que ya había visto la obra hace no mucho tiempo. Porque le sonaba eso de fingir ser el señor y en realidad ser el criado, eso de que hubieran matado al hermano y desagraviado a la hermana, eso de clamar venganza y sufrir la mordedura de los celos. Tampoco importa demasiado que con el transcurso de los años se olviden títulos y argumentos. Lo importante, y necesario, es que podamos seguir asistiendo a espectáculos de esta categoría, a nuestro acervo patrimonial de comedias y tragedias, que los jóvenes y talludos conozcan estos textos y que los profesionales del teatro nos los ofrezcan para deleite de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.

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