Uno entra al «Espacio off» del Teatro Lara como si lo hiciera al salón de una vieja y coqueta casa, sobria pero con gusto, con los elementos imprescindibles y, al mismo tiempo, necesarios. Un personaje se aburre sin mostrar curiosidad más allá de ese ventanal grande que es la cuarta pared. De vez en cuando come, de vez en cuando juega. Nunca ha visto la luna. Todavía es virgen. Es inocente y burgués. Pero esto lo sabremos más adelante. Pronto aparecerá la que, creemos es su compañera, comparten piso, comparten afabilidad. Y un tercer personaje, el más entrañable e ingenuo, el que es capaz de darlo todo por nada, e incondicional, forman un trío bien avenido, con sus diferencias, con sus temores, con sus emociones y sus hastíos, con sus costumbres y sus anhelos y esperanzas.

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Mas la vida es dura e injusta y siempre tenemos a alguien por encima de nosotros. Llamadle jefe, llamadle ogro, llamadle amo, llamadle dueño, llamadle dirigente, llamadle todopoderoso, llamadle como queráis. Sabéis a lo que me refiero. Siempre hay alguien que viene a perturbar nuestra cotidianeidad, nuestro bienestar. Alguien que nos corta las alas, alguien que siempre nos exige y nunca nos da. Alguien tan frustrado y solo que busca una compañía que, en realidad, no desea. Y el problema está en que estos personajes ni siquiera pueden llegar a odiar. Sufren, se emocionan, sienten, quieren abandonar esa esclavitud que aceptaron como algo natural, pero tienen miedos, buscan comprensión, se entregan y ofrecen amistad sin condiciones.
Y lo bueno de todo es que esos «Pequeños dramas sobre arena azul» (acertado y poético título) nos llegan a través de la risa y la sonrisa, también del nudo en la garganta, a través de la fábula y la sensibilidad a punto de desbordarse por la ventana; una ventana por la que hay que salir para conocer mundo; un mundo cruel y despiadado, competitivo, fanfarrón, peligroso, atrayente. Por la puerta solo entran y salen problemas. Por la ventana entran y salen ilusiones. Es verdad que también cansancio y fracaso, errores y desengaños, pero eso hace que se quiera vivir con más intensidad, si nos dejan.

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Abel Zamora, como autor del texto, director de la función y actor, ha dado con la clave de todos estos sentimientos. Hay que ser muy sensible para saber personificar con ternura y alegría las relaciones y las soledades compartidas. Marta Belenguer, interpreta una excelente micha doméstica a la que se le va el amor por los cuatro costados. David Matarín, Nuria Herrero y Gorka Lasaosa dibujan sus personajes con tal frescura, delicadeza, y dolor que dan ganas de abrazarlos y decirles unas palabras de consuelo. Mentxu Romero consigue que no queramos parecernos a su vil y mezquino personaje.
Si a ustedes les gustan las mascotas, vayan a ver esta función y reflexionen. Si no les gustan los animales caseros, vayan a ver esta representación y los mirarán con otros ojos. Si les gusta el buen teatro, acérquense a conocer estos «pequeños dramas…» para aplaudir después esta excelente obra. Y no metan la pata porque merece la «pierna».

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