Trepidante, divertida, bien planteada, mejor interpretada, los actores de Ron Lalá nos cogen de las riendas como si fuéramos sus Rocinantes y nos conducen al universo  mágico y delirante de don Quijote. De Don Quijote y Cervantes, en el que hacen un juego de simbiosis y unas veces es Miguel de Cervantes el que hace que su protagonista se enfrente a hordas de malvados para mayor honra de la su dama y otras, parece ser Alonso Quijano el bueno el que saca al padre de nuestras letras de atolladeros y lagunas de creatividad.

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Entre cinco actores interpretan, dan vida, al resto de los personajes que, de una manera o de otra, se encuentran con nuestro más universal personaje. Y además, cantan. Y además, hacen música y sonidos de efectos especiales. Oímos la escritura del ingenio. Y vemos, a través de unos simples rayos de luz que también toman protagonismo, gran parte del imaginario de las aventuras de este caballero que aún no ha parado de andar hasta nuestros días. Entre legajos, papeles, escritos, libros, letras, palabras y el lenguaje preciso, (acompañado de referencias actuales), de nuestra extraordinaria lengua la compañía Ron Lalá despliega una energía bien medida, emociona, encandila, divierte, entretiene, entusiasma. Y nosotros, como espectadores, también formamos parte de sus enrededos. Nos envuelven. Y para completar la acción, la noche de esta representación, 12 de julio en Almagro, en el espacio Miguel Narros, dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico, había luna llena, y también reía con nosotros. Y recordaba a su amigo Miguel, que la lona lo conoció en persona, y sin ocultar su rostro azorado se enternecía, se emocionaba, porque posiblemente ella iluminara alguna noche a su pluma.

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La obra está cargada de aciertos. Acierto en la escenografía, acierto en ese ir y venir de actores a personajes y de personajes a palabras. Acierto en el ritmo y en el espacio escénico. Acierto en los gestos y en las canciones, acierto en los símbolos, en lo explícito y en lo sugerido. Acierto en la ilusión y en el ingenio. Y el que sea un purista del texto de Cervantes y no le gusten otras lecturas que se quede fuera. Y el que eche de menos aventuras más o menos conocidas, ya nos lo dicen los actores al finalizar la función, que se lo lea. Y no conozco mejor forma que incentivar a la lectura con puestas en escena como esta.
Aquí hay teatro, aquí hay literatura, aquí hay espectáculo. Aquí están don Quijote y Sancho, aquí está el Manco de Lepanto, aquí están el cura y el barbero y Sansón Carrasco. Mientras, otros que sigan indagando a qué localidad se refería Miguel con un lugar de la Mancha. Ron Lalá lo ha encontrado: un lugar de nuestro ánimo para alegrarlo. Entretanto y como colofón, vaya nuestro ferviente aplauso a estos cómicos de la legua y la lengua, a esta Gangarilla que hizo nuestras delicias y nos hizo soñar una noche de verano.

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