Quiero adentrarme en los huesos del teatro. Quiero introducirme en la médula del escenario y chupar su savia e impregnarme de todos sus misterios.
Para ello vengo aquí, a las tablas, en pleno día pretendiendo que se haga de noche. Pero los ruidos externos no me dejan meditar ni ordenar mis pensamientos. ¿Qué me pasa? Me ahoga la inmensidad del personaje que interpreto.

monologo

Vengo aquí a enfrentarme con los espectadores invisibles, dispuesto a declarar mis lágrimas y mis sonrisas sin desprecio, y no sé, ni tan siquiera, dónde situarme. Aquí, yo solo, todo me da miedo. Hay un frío, una humedad que te coarta por dentro. ¡Qué pequeño me siento! ¡Qué duros son los ojos que nos juzgan y nos someten a su buen criterio! Antes de que puedan ustedes aplaudirme haré mutis en silencio; pero quiero que me oigan todas las paredes, todas las luces, todos los telones, todos los asientos, todos los ensayos, todos los decorados, todos los actores, todos los autores, y también todos los que no comprenden que el teatro es algo nuestro, que en lugar de quitarnos tiempo nos da vida, y que en vez de corrompernos nos agranda, que no nos induce al mal, sino que nos arrastra al arrepentimiento, que no nos aísla, que nos lleva a conocernos, que no nos separa de los nuestros porque pensamos más en ellos, que el teatro no es un ogro de un solo ojo que devora actores, sino que es el cuerpo que crea seres nuevos; que no es la torre de babel que nos confunde y nos separa, que es, o puede ser, el camino hacia un rostro nuevo y hacia el éxito, que no es el ángel exterminador que nos amenaza o nos destierra, sino al contrario, es el lazo de unión que nos abarca.
Quiero que entiendan que no somos bichos transformables ni estatuas con voz de falsete, somos tan humanos como ustedes, tan de veras, que nos duele esta pasión incomprendida como pinchos que se nos clavan en las deshechas sienes.
Mi soloquillo termina por hoy, apelando a su indulgencia y a sus buenos sentimientos.

Bitnami