Lope de Vega, el gran Lope de Vega, afirman, dicen, especulan que llegó a escribir más de 1500 comedias y dramas. Y bien pudiera ser, que yo no lo pongo en duda. (Hace poco ha aparecido una más). Y aún tenía tiempo para sonetos, novelas, poemas, y escarceos amorosos. Además, fue desterrado, fue soldado, fue secretario, amante, esposo y padre, sacerdote, renovó el teatro, mezclando lo trágico y lo cómico, rompió las tres unidades de la épica italiana, utilizó distintos tipos de versos, y era un hombre culto sin arrogancia y con grandísima popularidad. Un hombre así es capaz de eso, y mucho más.
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Cuando escribe el castigo sin venganza ya tiene 68 años y se nota. Despliega en la obra toda su maestría, toda su energía, con la que aún contaba, toda su emoción. Esa emoción que, una vez más, la compañía Rakatá y la Fundación Siglo de Oro consiguen transmitir a través de su interpretación, con Rodrigo Arribas, Alejandra Mayo, Alejandra Saá y Jesús Fuente, entre otros, los mismos  que en una sesión anterior han interpretado El perro del hortelano. Eso es amor por el teatro, y pasión, y necesidad, y buen gusto, y fuerza,…Así lo vemos desde el patio de butacas, así lo percibimos en su excelente forma de decir el verso, así nos llega con la tensión debida en los momentos dramáticos y la frescura en las voces, en personajes creíbles y bien estructurados. Parece que lo que les sucede fuera de verdad. Y no hay nada más satisfactorio para un actor que hacer creer al espectador que lo que ve es real, aunque sepamos que esa columna es un árbol, que esos trajes ya no se llevan, que sienten lo que hablan, que sufren lo que penan, que ríen lo que ingenian, que piensan o que temen. Y no hay nada más satisfactorio para que el espectador que creerlo porque la desea, por que sufre, pena y ríe con ellos, porque ve sinceridad en sus interpretaciones, porque las palabras le envuelven y los personajes le atrapan, porque la acción es dinámica, y aunque el tema del honor nos pille un poco lejos, no así el de los celos, no así el del amor y el desamor, no así el de los sentimientos encontrados y perdidos, no así el de la venganza, la muerte, el dolor. Y es de agradecer que, después de la función, salgan los actores, la compañía casi toda, a charlar con uno pocos que nos quedamos a oírlos, porque nos habíamos quedado con ganas de más, y verlos de otra guisa, y cerciorarnos que eran de verdad y no habíamos viajado en el tiempo hasta el siglo de oro, y allí se confirman nuestras suposiciones certeras de que aman el teatro por encima de todo lo demás, que aman a Lope, que aman su trabajo, que se quieren entre ellos y nosotros, también privilegiados, nos dejan entrar. Ellos nos ofrecen «El castigo sin venganza» y les damos «El premio con aplausos» que se han ganado por derecho propio.

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Los dirige en esta ocasión Ernesto Arias, también actor, estudioso del teatro, buen comunicador de su conocimiento, un lujo que no hay que desperdiciar.
En el coloquio antes mencionado nos informan que van a ir a representar al Shakespeare´s Globe Theatre a poner en pie a Lope de Vega. Encandilarán al público anglosajón igual que lo han hecho con nosotros. Igual que Lope lo lleva haciendo durante 400 años nada más.

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