Cuando uno va al teatro, aunque conozca la obra que va a presenciar, siempre espera que el montaje le sorprenda, le agrade, le guste. Cuando uno va al teatro sabe que va a que le engañen, a que le cuenten una historia de mentira con visos de verdad. Cuando uno va al teatro quiere sentir emociones, disfrutar, sufrir si es preciso e, incluso, plantearse ciertas cuestiones sociales, filosóficas, políticas, personales. Cuando uno va al teatro debe apreciar en su justa medida el esfuerzo de actores, directores, autores, tramoyistas, músicos,…ir al teatro debería convertirse en un acto lúdico, de festejo, irrepetible, se asista innumerables veces.

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Shakespeare debía amar el teatro. Aunque no dejaría de ver  una espada de Damacles que pendía sobre su cabeza cuando pretendía agradar a todo tipo de público, por un lado ávido de espectáculo, por otro, dispuesto a criticarle si fallaba en sus textos. Quizá por eso tituló a esta su obra, que se representa en el Valle Inclán, «Como gustéis», porque el teatro está abierto a que te guste o no, a que te llene o te deje indiferente, a que te emocione o te irrite, a que te divierta o te aburra. Quizá por eso se inventó este bosque onírico de pastores que no lo son, de personajes disfrazados, de amores y soledades, de usurpadores y envidiosos, de bufones o de semidioses.
Todo es un sueño. ¿Y quién es capaz de interpretar un sueño? ¿Por qué no el director, Marco Carniti, a intentar adornar ese sueño con músicas y coreografías, con cantos y vientos, con blancos y rojos, con ecos y silencios?

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No a todo el público le gustará este montaje. A los puristas de Shakespeare les parecerá horrendo. A algunos les puede parecer seco. A otros les irritará el ritmo; los perfeccionistas del canto puede que echen de menos voces de más tesitura y timbre, ciertos defensores del teatro clásico opinarán que este espectáculo es un híbrido, los amantes de los musicales querrían haber visto más coreografía o los lingüistas algunas palabras menos modernas o corrientes.
A la salida del teatro escuché todo tipo de comentarios. Hubo quien se fue en el entreacto, otros opinaban que la primera parte era más espectacular que la segunda y otros que la segunda había sido de mayor calidad que la primera. Otros, que se les había hecho corto y a otros les parecía demasiado larga. Encontré quien estaba sorprendido de la puesta en escena y quien solo preguntaba que había hecho España en su primer partido en el Mundial que en ese momento se jugaba.
Fiaros nada más de vuestro propio criterio. Acudid al teatro para que, gustéis o no gustéis de ella, podáis por vosotros mismos comprobarlo.

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