Nuestros clásicos no están dormidos. Descansan, autores y personajes, esperando que alguien venga a buscarlos. Desde hace más de 300 años, alguna persona que denominamos teatrera llamaba a su puerta, les invitaba a desempolvarse los trajes y les pedía que nos contara los versos tan bien escritos, los enredos, las burlas, los equívocos,… y ellos hablaban de amor, honor, gobierno, celos,… y se les volvía a enviar a un cajón hasta el próximo director de escena que se acordaba de ellos…

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Hasta que Adolfo Marsillach en 1986 crea la Compañía de Teatro Clásico con la idea real de recuperar, reconocer, y producir las obras que estaban ahí, al alcance de la mano, pero no de una manera esporádica, sino de forma habitual y que nos enriquecieran con sus enseñanzas, nos entretuvieran con sus argumentos, nos deleitaran con su humor o nos sobrecogieran con sus dramas. Afortunadamente ese proyecto se ha ido consolidando con el paso de los años. Hoy Helena Pimenta, actual directora de la Compañía, mantiene ese espíritu y, por ejemplo, encarga a Carmen Portaceli un texto poco conocido del Fénix de los Ingenios, Lope de Vega, para traernos como un regalo Las Dos Bandoleras, con retazos de la serrana de la Vera y algunas décimas de La Batalla de Mastrique.
Y en este montaje podemos comprobar cómo se unen los universos del tiempo. Cómo son perfectamente capaces de convivir los días del siglo XVII con los actuales o muy recientes. La dramaturgia de la propia Carme Portaceli y Marc Rosich consigue este combinado. Y lo hacen muy bien acompañados con unas interpretaciones magistrales del gran Helio Pedregal, desde siempre con esa forma clara de decir el verso, que parece tan natural que su forma de hablar en su vida cotidiana es rimando, o la sorpresa de ver a Carmen Ruiz y Macarena Gómez batirse en duelo de esgrima y en duelo dialéctico, así como al resto de la Compañía, perfectos, medidos, serios.

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Desde siempre, cada vez que acudo a ver una obra de nuestro teatro clásico, leo en los programas, las justificaciones, los paralelismos e intentos de equiparar lo que se decía en aquel tiempo con lo que ocurre o lo que se piensa en estos momentos. Siempre se encuentra. Siempre hay un tema relacionado, algún personaje que se comporta o habla o piensa de una manera similar a la nuestra, o un hecho o acontecimiento que tenga su espejo en un suceso próximo. Y si no fuese así, pienso que tampoco tendría demasiada importancia. Solo poder rescatar los versos, la belleza del lenguaje, las costumbres de entonces, lo que sentían, lo que opinaban, lo que ocurría, sería más que suficiente.
En Las Dos Bandoleras, tenemos dos mujeres vilipendiadas que están dispuestas a exigir sus derechos y que se les tenga en cuenta, un padre autoritario y severo, pero cargado de amor, un gobernante que propone y dispone, dos hombres que se creen con derecho a jugar con las mujeres, un pobre trabajador que no quiere líos y lo pasa mal sin perder el humor pero le gustaría vivir mejor, una mujer valiente y decidida que reclama su valía en un mundo de hombres, un poeta que hace que no nos olvidemos de los sentimientos y de que, al fin y al cabo, somos humanos. ¿No son personajes de hoy en día? Pues eso!

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