Profesor de teatro, actor, director…en definitiva, un amante del género que compartirá con nosotros sus impresiones y al que estamos encantados de darle la bienvenida 🙂

Os dejo con Alberto Morate  y su crítica de «El Nombre de la Rosa».

 «Los libros siempre hablan de otros libros y cada historia cuenta una historia que ya se ha contado»

                                                                                                                                                             Umberto Eco

nombrerosa

¿Qué se siente cuando se va a comenzar un libro? No podemos imaginar qué sorpresas nos va a deparar. Un libro abierto es una incitación a la aventura. Y después, ¿qué es lo que nos queda de ese libro cuando ya lo hemos leído? Si nos ha gustado mucho, la sensación de pérdida, de soledad, de vacío, nos atenaza. Por un lado no quisiéramos acabarlo, por otro, estamos deseando que termine para que con su final nos dé una tregua. La paradoja del sentimiento placentero.

Así comienza esta puesta en escena, «El Nombre de la Rosa». En el escenario un gran libro como decorado que irá abriendo sus páginas, desgranando sus capítulos, dándonos a conocer sus personajes y una trama laberíntica, detectivesca, misteriosa, y el espectador enredándose pero intentando no perder de vista la salida. Como Adso de Melk, es necesario no perder el hilo de lana que nos devolverá a la realidad. Mas la realidad es dura y cruel, la inquisición vigila, el guardián celoso de los libros y las palabras que no quiere compartir conocimientos,…al hambre, a la locura, a la lascivia se castiga con la hoguera…

rosa (1)

Los libros pueden ser peligrosos, pero porque detrás de los libros están las personas. Esta historia de intriga da un salto en el tiempo desde la Edad Media para recordarnos que hay conceptos, ideas, poderes, intereses, relaciones humanas que no cambian nunca.

El libro, los libros, están vivos y por eso se producen muertes. El acertado decorado, las páginas de ese libro se van pasando. A veces leemos con poca luz, otras esas mismas palabras nos iluminan (magnífica iluminación). Los actores que encarnan a esos personajes novelescos están espléndidos, el movimiento, oscuros monjes que cruzan la escena sin cruzar palabra, las puertas y los espejos que nos incitan a recorrer los caminos de lo desconocido, en todo ello ha pensado la adaptación y una dirección impecables.

Al final la representación nos deja un último misterio: ¿Por qué ese título si no se menciona a la rosa en ningún momento? Vayan a verla y piensen en ello.

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