Al encuentro de Mr. Banks
Si te hubiera gustado asistir al estreno de Mary Poppins en 1964, aquí tienes una segunda oportunidad 50 años más tarde. Quizá después de verla alguno desempolve su DVD para recuperar a la niñera que entraba volando por la ventana a una casa necesitada de ilusión y devolvía la inocencia a los adultos que lo presenciaban. Y quizá alguno vaya a comprar el blueray especial 50 aniversario que Disney acaba de lanzar.

Walt Disney es retratado como un convencido niño grande, entrañable, genial y único que quiere cambiar el mundo por uno más feliz donde «si puedes soñarlo, puedes hacerlo» y donde los trabajadores cantan felices mientras se atiborran de chucerás. Sin embargo, y aunque al final del filme se caiga un poco en ello, no es tan evidente la oda a Walter como en principio se le podía suponer.
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Saving Mr. Banks narra dos historias paralelas. Por un lado, dos semanas a principios de los años 60 de desventuras entre bastidores que precedieron a un gran clásico cinematográfico, sobre cómo se escribió y reescribió Mary Poppins en los estudios Disney de Los Ángeles y lo complicado que fue para Walt hacerse con los derechos para hacer pasar a «Mary» de las páginas de un libro a la gran pantalla; Y por el otro, la infancia en Australia de la escritora Pamela Lyndon Travers y el trasfondo más personal del personaje. La trama alrededor de la que giran ambas historias es la misma y muy típica de Disney: El corazón herido de alguien que resulta cascarrabias debido a su triste pasado, será ablandado por toda una serie de personajes bienintencionados. Así ambas historias se van entrelazando preguntándose y contestándose la una a la otra constantemente para que lleguemos a entender la carga emocional del conjunto.
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Las interpretaciones son, en general, bastante creíbles. Los personajes están muy conseguidos y tanto Tom Hanks como Emma Thompson, en especial esta última, hacen unas interpretaciones fantásticas que compensan la sobrada edulcoración del film. Quizá el menos acertado sea ColinFarrel que aun así puede que esté en uno de sus mejores papeles. Digna de admirar también la actuación de la joven Annie Rose Buckley que interpreta a Ginty, representando la infancia de la escritora en 1606; y de Paul Giamatti, chofer de la protagonista, que resulta muy cómico y agradable.
Creo que el director, John Lee Hancock , no ha sabido sacarle partido a las partes del guión que transcurren en los complejos Disney. Puestos a edulcorar y a hacer propaganda, podía haber aprovechado mucho más el parque en lugar de repetir hasta la saciedad las escenas de las oficinas donde la mayoría de las veces no pasaba nada nuevo. Probablemente haya sido a propósito para no caer en las críticas, pero la verdad es que en este caso yo las he echado de menos.
Cabe destacar la nominada al Óscar composición de Thomas Newmanque dota de emoción durante todo el metraje.
Lo que nos queda es una clásica película de público familiar cargada de sentimiento paternal (como punto de unión entre los dos personajes antagónicos) y de honorable distracción que, en su tramo final, hará llorar a más de uno. Con un toque de “cine dentro de cine“algo idealizado pero que hace que sea una cinta muy completa y divertida.
Lo mejor: Su aroma a clásico familiar. Funcionará muy bien para todo el que en su infancia disfrutara de Mary Poppins.
Lo peor: Echo de menos más imágenes del parque y el ritmo a veces resulta algo lento pero como se dice en la película…
La frase: «Un paseo sin prisa es un regalo»
 

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