Nominada a diez Oscar incluyendo mejor película, director y actriz; premiada con tres Globos de Oro de los siete a los que optaba; y reconocida con otros muchos premios y nominaciones, era de esperar que para el estreno en España el pasado viernes, los espectadores tuvieran ya unas expectativas muy altas sobre este filme que tanto ha elevado la crítica profesional.  A menos de un mes de la gran ceremonia cinematográfica de los Oscar, solo nos queda preguntarnos ¿Cuántas estatuillas se llevará?
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“La Gran Estafa Americana”, traducción poco afortunada del original título “American Hustle”, se nutre del notorio caso estadounidense Abscam. Se trata de un caso de corrupción política que tuvo lugar a finales de los 70 y principios de los 80 y que afectó a varios congresistas e incluso un senador de EEUU.
Sin embargo, no es un retrato fiel del hecho histórico en sí, sino que nos cuenta una divertida visión y avisa de ello al comienzo del metraje con la sobreimpresión “Algo de esto sucedió realmente”. El mayor peso del film no recae sobre la mafia, la estafa, fraudes y engaños, sino sobre la vida de esos estafadores y corruptos que se ven envueltos en la trama. Envueltos también en cruzadas relaciones amorosas y dobles identidades, los protagonistas de la historia, que tienen en común el pertenecer a ambientes poco privilegiados, muestran su ingenio por sobrevivir y su capacidad de reinventarse. Todos se hacen pasar por lo que no son y las apariencias, por mucho que se preparen, no son más que eso, apariencias. Como dice Bale en el filme:
no te puedes engañar a ti mismo por mucho tiempo… así que tu próxima reinvención, más vale que salga bien
Toda la estafa queda reducida a moralejas sobre la flexibilidad de los valores de la amistad y el amor, tan efímeros como el poder y el dinero que de un soplido, o manotazo, devuelven a cada uno a su realidad. Todos ellos buscan entre tanta mentira un atisbo de verdad, al ritmo del jazz de la época.
El elenco, que ha recibido cuatro nominaciones, nos da unos personajes llenos de defectos y extrenticidades que muestran sus miserias y mezquindades con gracia. Entre los protagonistas vemos un Bale que demuestra su versatilidad pasando de superhéroe a patético estafador; Cooper es un obsesivo agente del FBI que busca el triunfo a toda costa; y las mujeres, Lawrence y Adams, son el alma de la fiesta. Campan a sus anchas en una lucha de vertiginosos escotes, despampanantes. Una, especialista en hacerse pasar por quien no es; la otra, dicotómica e inestable, no puede evitar mostrarse. Robert de Niro nos brinda un cameo que huele a parodia de sus propios personajes y Jeremy Renner mostrará la cara no tan mala del corrupto alcalde de Nueva Jersey envuelto en la trama.
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La dirección artística tira de tópico setentero. Pomposo trabajo con mucha peluca cardada, permanentes, tupés, y otros peinados imposibles; tacones de aguja, escotes vertiginosos, pantalones acampanados, cuellos levantados y abiertas camisas estampadas en flores; y otras horteradas en la decoración donde prevalecen tonos amarillos y grises combinando con las gafas de pasta de Bale. Hay que reconocer que sin el vestuario y la peluquería los personajes no serían ni la mitad de lo que son. Sin embargo, no encuentro justificación ni para los 20 kg que Christian Bale engordó para el papel a base de Donuts y hamburguesas con queso, ni para la permanente que Bradley Cooper luce al viento.
Destaca la banda sonora, como otro personaje más de la historia. Diegética y extradiegética, la música siempre está presente. Suenan temas desde «DirtyWork» de Steely Dan en la secuencia inicial, hasta David Bowie o DonnaSummers.
El final es un redondeo apresurado de la historia que no termina de ser creíble y hay algunas trampas al espectador, escenas innecesarias y humo, que dejan un sabor agridulce. No hay ningún héroe ni existe la gran victoria, no hay blanco o negro, solo se muestran grises. Los papeles de los buenos y los malos quedan desdibujados en esa flexibilidad de los valores de la que hablábamos y al final, nos quedan 138 minutos de metraje desenfadado, divertido (que no gracioso) y sexy, pero algo falto de violencia.
Lo mejor: la banda sonora, las interpretaciones, la ambientación, y la escena de Jennifer Lawrence cantando «live and let die»
Lo peor: La traducción al español del título y las trampas al espectador. Faltan más escenas de baile de discoteca, chispa y violencia.
La frase:  «La gente cree lo que quiere creer» 
 

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